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Adelfo, y la junta a principio de año

Era bien sabido que Adefo, el ratón mayordomo principal de la ciudad de los Quesos Escondidos, se preocupaba cada inicio de año por mejorar la calidad de la producción del queso. Repasaba los inventarios de fin de año, analizaba las ventas pasadas y realizaba una que otra encuesta con sus principales clientes para estudiar los resultados y las criticas que algunos pocos inconformes le dejaban saber. El sabia que la producción era buena, que los demás ratones productores de queso se esforzaban por dar lo mejor de si; pero aun así, Adelfo no se quedaba en la línea y trataba siempre dar un poco mas en todo. Así que, no tardo en reunir a toda el “ratonal”, sobre todo aquellos que necesitaban mejorar su calidad, y no tardaron en llegar a la antigua fabrica abandonada, que en el pasado había sido una de las bodegas mas importantes de queso, pero que debido a una tragedia, había sido casi consumida en su totalidad por un intenso incendio. Sin embargo, Adelfo la había estado reparado poco a poco, y ahora solamente se usaba para reuniones especiales. Así que fue ahí, que Adelfo saco el libro negro y dijo a todos:

“Seamos íntegros”- dijo Adelfo, recordándoles muy puntualmente que el creador estaba siempre con los buenos (2 Cro 19:11) y que la integridad, cosa que siempre insistía, era la llave para abrir la puerta a muchas bendiciones. Además, la integridad era la base para establecer buenas relaciones, cosa que se necesitaba bien para los buenos negocios, sobre todo en la Ciudad de los Quesos Escondidos.

“Seamos honrados” – agregó también Adelfo, ya que mentir en las finanzas, negocios, y otras cosas mas trae siempre consecuencias negativas. Adelfo no quería retroceder en sus esfuerzos por hacer las cosas bien. Las ruinas de la antigua bodega le traían recuerdos tristes sobre aquel fatídico incendio provocado por la negligencia (saber hacer lo bueno, pero no hacerlo) y el descuido por la falta de rectitud que les había traído cosas malas. (Prov 20:33). Así que, estaba decidido empezar un año nuevo; pero eso si, evitando los errores del pasado y midiendo bien todas sus decisiones en el presente para no cometer las mismas faltas.

Finalmente, Adelfo les indico a todos que “aprendieran del pasado para mejorar el presente”. Ciertamente la antigua bodega les traía recuerdos no tan buenos, pero al ver sus puertas consumidas por el fuego, las paredes derribadas y las viejas maquinas hechas pedazos seguramente había mucho en que pensar. Era como un registro de cosas que no se habían hecho bien, pero que ahora les dejaba un legado de información con un valor incalculable, pues ahí entre las ruinas se encontraban los secretos del fracaso, pero que cada uno debía descubrir, pues en aquel pasado había una lección diferente para cada uno por aprender.

Así que, por esta ocasión, Adelfo solo se limito a dejar la antigua fabrica, y dando a cada uno la tarea de encontrar su lección entre las ruinas, entre las cenizas y entre su pasado.

 

Miguel Cortez

Macortez1@live.com

Pasos de Hormiga

Margarita y la oración

 

A veces no sabemos como suceden las cosas, pero finalmente suceden. El día que Margavita rechazo las únicas tres carreras que le ofrecían los monarcas nunca se imagino a donde iría a parar. Y ahora mírala, caminando por el valle buscando el camino de regreso a casa. Pero entiendo que no fue culpa suya perderse, sino mas bien de la tormenta, que al arreciar tanto borro el camino de regreso a la ciudad de Hormiguea. Pero no debemos preocuparnos tanto, Margavita esta en buenas manos y el creador algún propósito le habrá de tener. Pues resulta, que estado ya en algún lugar de las cavernas, y luego de haber conocido a “La Hormiga Azul”, finalmente pudo rencontrarse con sus amigos, Marietta la famosa luciérnaga y el escarabajo café, que les recuerdo, era un experto explorador terrestre.

 

Marietta – ¿Donde te habías metido todo este tiempo? nos tenías preocupados.
Margavita – Si se los cuento, jamás me lo van a creer. Y no los culpo, pues estamos tan acostumbrados a tener que ver para creer, que cuando nos cuentan algo extraordinario no lo creemos.
El escarabajo – ¡Cuenta, cuenta!, que no tenemos todo el día. No se te olvide que el rey del sur esta por ahí en algún lugar de estas cavernas; si no nos apuramos nos encontrará y sabrá el creador a donde iremos a parar.

 

Entonces Margavita les conto sobre su encuentro con la Hormiga Azul, que mucho le había dejado para aprender y mucho que compartir. No obstante, ella había anotado algunas cosas en su diario que una de las hormigas con alas le había ensenado justo antes de subir al barco de la hormiga azul. Eran tres cosas importantes que Margavita debía saber acera de unos de los recursos  mas impresionantes con los que cuenta una hormiga; la oración.

 

 

Margavita: ¿Qué si las patas me temblaron? ¡Pues nada mas imagínate!, Una hormiga brillante, con ojos de cristal y mirada penetrante me señalo y me hizo la indicación de acercarme a ella. Tenía grandes alas, su voz era como de trueno y caminaba rápidamente. De principio sentí ñañaras, pero luego lueguito fui sintiendo una extraña paz que lleno todo mi cuerpo. Finalmente el miedo se me fue, deje de temblar y quedito escuche que me hablaba sobre los “tres magníficos efectos de la oración” y me dijo – apúntalos y nunca los olvides.

 

El primero de ellos, -dijo la hormiga con alas- es que la oración trae fortaleza a tu ser, y debes usarla siempre; sobre todo, cuando sientas que el desanimo viene o cuando la preocupación te invade en ciertas etapas de la vida. Recuerda, -agregó aquella hormiga- quien usa la oración nunca se hunde en las preocupaciones, pues es Dios quien les sostiene y jamás abandona a quienes acuden a El.

 

El escarabajo café: ¡Pues será el sereno!, pero yo nunca he orado, rezado o lo que sea que se le parezca. Vengo de una familia bien acomodada y la verdad nunca escuchamos tal cosa.
Marietta: ¡Cálmate escarabajo! ¡Ves la tormenta y no te incas! Si el rey del sur nos encuentra, tu seras el primerito en servir de almuerzo, pues te recuerdo que los altivos son los primeros en desatar las contiendas, pero los que confían en Dios siempre prosperan.[1]
Margavita: ¡Silencio! Dejen de discutir. Siempre podemos aprender algo, y ahora que estamos en apuros creo que es buen momento para aprender.

 

 

 

Margavita siguió ojeando su diario, Marietta caminaba de un lado a otro, y el escarabajo café, ya bien reganado, solo se limito a esperar las indicaciones de Margavita.

 

Margavita: Lo siguiente que me dijo la hormiga con alas, fue que “la oración producí poder”.
Marrieta: ¿En serio? Y ¿Cómo es eso?
Margavita: Pues, según lo que aprendí, cuando uno ora no solo encuentra fortaleza, sino que también uno descubre un poder sobrenatural para producir cosas. Por ejemplo, que la oración produce milagros, abre puertas cerradas, derriba fortalezas, los enfermos sanan y muchas otras cosas mas; pues si es Dios quien respalda la oración, algo a nuestro favor siempre sucede. Esto es interesante, pues aun la hormiga con alas también me dijo que debíamos estar siempre orando y velando con acción de gracias.[2]

Aun recuerdo que la reina Hormiga siempre oraba. También recuerdo que en ocasiones ella salía de la fortaleza real para hacer sus plegarias frente al lago azul. Siempre acompañada ella de su caballeros de confianza, su sierva mas leal y sin faltar del mayordomo principal, tan sabio el y a quien extraño mucho.

 

El escarabajo café: ¡Vamos hombre! Que bien dicen que recordar es volver a vivir. Y yo quiero recordarles que estamos en las profundidades de las cavernas, con poca luz, agua y alimento. Y si esto les parece poco, también anda por ahí un rey loco buscando a quien devorar, especialmente a ti, Margavita, pues no se porque tanto coraje te a tomado. Asi que, eso de la oración no cabe duda que ha llegado en buen tiempo, pues yo sugiero……
Marietta: ¡Exacto! Pues hay que orar!
El escarabajo café: ¡Vamos que me has robado las palabras!
Margavita: Esta bien, dejémonos de nostalgias por el momento. Pero antes de hacer oración, quisiera decirles una cosa mas sobre lo que me dijo la hormiga con alas justo antes de mi encuentro con “La Hormiga Azul”. Dijo “la oración trae crecimiento”.

 

El escarbajo café: ¡Vaya que lo necesito!
Margavita: ¡No escarabajo! ¡No se refería a crecer de tamaño! Mas bien, me dijo que curiosamente, cuando platicamos con el creador a través de la oración comenzamos a crecer espiritualmente, intelectualmente, y hasta emocionalmente. Todo cambia por la oración. El crecimiento lo da Dios[3] y nosotros solo debemos hacer lo que nos corresponde.

 

Marietta: ¿Y que nos corresponde?
Margavita: Pues, no se. Lo que entiendo es que debemos solamente vivir conforme a la ley, practicar la integridad, ayudar a otros, y ser fieles a los principios del creador. Lo demás lo hace Dios.
Marietta: ¡Exacto! Dios tiene su momento para contestar la oración. ¿supongo?
Margavita: Bueno, has dicho bien. Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora[4]  Y el creador sabrá en que momento habrá de responder a las oraciones.
El escarabajo café: Pues espero sea pronto, porque no solo debajo del cielo hay necesidades, también debajo de esta caverna; que por cierto, esta algo obscura, sin agua y poco alimento y……
Margavita y Marietta: ¡Si ya ya!! y el rey del sur nos anda buscando para devorarnos!
   

Al instante, Marietta y a Margavita se miraron una a la otra, como dándose cuenta de su realidad y algo asustadas por el comentario del escarabajo café. Ciertamente había poca luz. Marietta con su brillante reflejo no alcanzaba para tanto tiempo, debía fortalecerse con alimento, pero tampoco había suficiente. Rápidamente, la inteligencia del escarabajo apareció y un rápido agujero encontró. Saco sus mapas, uso la brújula, saco cuentas y aprendió a orar. Margavita ayudo con la carga, Marietta hizo un inventario, y finalmente todos entraron al agujero. Caminaron, con mucho cuidado, entre piedras resbaladizas y pasadizos secretos. Siempre con la prudencia necesaria, mirando hacia adelante buscando la salida con fe; bien orados. Y sobre todo, bajo el cuidado del creador, que nunca abandona ni hasta lo mas pequeño de sus criaturas.

 

Miguel Cortez

macortez1@live.com

[1]Proverbios 28:25

[2]Colosenses 4:2

[3]Colosenses 2:19

[4]Eclesiastes 3:1

 

 

La llave que no abrió

Margavita no acostumbraba a viajar de noche, pero debía llegar pronto a la casa de su buen amigo, quien era su consejero y líder en la comunidad de las hormigas sapientes. No recuerdo cuando fue la ultima vez que ella estuvo ahí, pero la verdad es que cualquiera que visita esa comunidad termina impactado, asombrado y bien cambiado. Esto, porque ahí es donde se vive lo que se predica, se habla lo que se piensa y nunca se olvida lo que se aprende. Así que, a pesar de ser muy tarde, Margavita siguió adelante por la vereda empedrada, cante y cante ella sin mortificación y preocupación; se internó poco a poco en hermosos parajes alumbrados por el reflejo de la luna que le seguía como astro vigilante, precioso y gigante que colgaba de la nada, y que misteriosamente parpadeaba alegremente aquella noche. Margavita, que no acostumbraba los viajes nocturnos, finalmente llegó hasta la ciudad Sapiente, donde junto a la puerta encontró una llave, pero no era una llave cualquiera, sino una de esas que solamente las hormigas saben usar; y que, a manera de enigma le daba el acceso a la ciudad, pero que extrañamente esta vez no funciono. Así que Margavita, enojada arrojó sin pensar la llave lejos entre los arbustos, y frustrada ella se sentó con una fuerte carga de desilusión al ver que las cosas no le habían salido como ella había esperado. No obstante, y de una manera extraña, alguien le arrojo la llave de regreso desde los arbustos, y una voz finita, como de hormiga, le dijo desde aquellos arbustos:

“A veces las cosas no salen como nosotros queremos, pero debemos confiar en la soberanía de Dios, pues es perfecta para todos los acontecimientos”. Margavita sorprendida aprendió en ese momento, que muchas de las veces las cosas no siempre salen como uno quisiera, y que todos debemos aceptar los tiempos y las maneras de Dios, pues sus pensamientos no son como los nuestros y además sus planes para nosotros siempre son buenos, para bien y sobre todo para alcanzar sus excelentes propósitos (Jer 29:11).

Una vez que Margavita asimiló esta nueva enseñanza, la voz desde el arbusto le dijo también: “nuestros planes pueden parecer buenos a nuestra opinión; pero no son perfectos. Sin embargo, la voluntad de Dios para cada uno de nosotros es perfecta y agradable”. A lo que Margavita se quedo muda por unos segundos, pues la voz del arbusto también agregó diciendo: “Y así los caminos de Dios a veces son incomprensibles, pero siempre tienen un final feliz”.

Esto pareció gustarle a Margavita, así que rápidamente cambio de animo; y así como otras veces, saco su diario y apunto: “Dios tiene mejores finales felices; porque Dios si sabe como hacer las cosas”. Entonces, finalmente recogió la llave y como por arte de magia aquella puerta se abrió de par en par. Así que Margavita, continuo su camino, rumbo a su destino, donde siempre se aprende algo y donde nunca se olvida lo que bien a recibido.

 

Miguel Cortez

macortez1@live.com

La Hormiga: Las cascadas de oriente

Cierto día de septiembre, la hormiga viajera recorrió todo el valle de la laguna azul en compañía de su amiga la luciérnaga, quien mucho ayudo como pudo con su luz brillante a encontrar el camino secreto que lleva a las cascadas mágicas de oriente. Las dos habían andado toda la noche, cansadas y soñolientas habían pensado en regresar, pero el espíritu emprendedor de la hormiga y su profundo interés por lo desconocido las llevó un poco mas allá de los limites del valle, donde finalmente encontraron, y casi a manera milagrosa, las famosas cascadas mágicas de oriente. Eran muchas las leyendas sobre aquellas cascadas, recuerdo que una de ellas relataba la historia de un mago misterioso que guardaba celosamente el valle, y que con sus encantamientos era capaz de convertir a cualquiera en estatua de bronce, pues no estaba dispuesto a compartir sus tesoros y secretos que descansaban en las rocas mágicas de las profundas cascadas. No obstante, a la hormiga poco le importaban las leyendas misteriosas. Ella era decidida, entusiasta, perseverante y curiosa, y aunque a veces tenía miedo, la esperanza le empujaba, y aunque a veces sentía desanimo, la fe le impulsaba. Así que, con miedo y todo, la hormiga y la luciérnaga finalmente fueron testigos del mágico manantial que servía de reposo a las encantadoras cascadas, donde encontraron, detrás de la caída del agua, tres maravillosos mensajes del cielo que sirvieron de consejos para toda la ciudad de Hormiguea.

El primer mensaje decía “tu haces cosas pequeñas y Dios las hace grandes”. Es decir, que no minimizara las cosas pequeñas pensando que no tienen valor, pues aun los esfuerzos más pequeños que hacemos para alcanzar alguna meta Dios los hace fructificar en grande. Eso me recuerda que Dios bendice nuestros pequeños esfuerzos, sobre todo cuando estamos tratando de restaurar nuestra vida o también cuando estamos en camino de terminar algún proyecto.

Por otro lado, el segundo mensaje decía “tu haces cosas en secreto y Dios te recompensa en publico”. Como queriendo decir, no te afanes por el protagonismo y no seas vanidoso, si vas a servir a los demás no “toques trompeta para que todos sepan”, pues ciertamente la fama llegará a tu vida y esa será tu recompensa, pero si lo haces en secreto mayores cosas veras que tocan a tu puerta. (Mt 6:4-18).

Y el tercer mensaje decía “tu le eres fiel a Dios en lo poco, y El te pondrá sobre mucho”. Así de fácil, si aprendemos a cuidar de las cosas que Dios nos da, seguramente Dios nos dará mucho mas. Pero, si no cuidamos bien lo poco que tenemos, ¿Cómo esperamos que Dios nos de mas? (Mt 25:23).

Pero, mientras la hormiga transcribía estas frases a su diario, un fuerte ruido como de trueno se escucho a lo lejos. La luciérnaga pronto apuró a la hormiga y luego lueguito salieron volando, pues el miedo, “que no anda en burro”, las asusto y dejaron finalmente aquel hermoso lugar en el recuerdo de aquella hermosa mañana de setiembre.

 

Miguel Cortez

macortez1@live.com

Angeles y quesos

Por Miguel Cortez

Adelfo, el ratón mayordomo de la ciudad de los Quesos Escondidos estaba apurado. Le había llegado un pedido de quesos para un hombre de Belén; queso exquisito, del mejor y muy fresco. Adelfo daba lo mejor de si, pero le preocupaba que los demás ratones productores no compartieran esta misma cualidad, pues últimamente la calidad en algunas bodegas no era tan buena como antes. Le costaba trabajo aceptar que sus colegas no trabajaran con excelencia y le estresaba no ver entusiasmo, aún y cuando el salario era bueno. Así que, preocupado Adelfo salió en busca del gato vigilante de la ciudad para conseguir consejo; sin embargo, en alguna parte del camino una ligera llovizna se hizo sentir, el cielo se oscureció por las nubes cargadas de agua que amenazantes se acercaban a la región. Adelfo, como buen ratón precavido, cualidad que tienen los buenos mayordomos, entró en una pequeña cueva a lado del camino para protegerse de la lluvia y de los posibles relámpagos, pero que sin darse cuenta había entrado a la caverna del ángel, lugar prohibido, misterioso y además olvidado. Fue ahí, donde Adelfo fue sorprendido por un extraño sentimiento, que movido por una fuerza irresistible caminó hacia las entrañas del lugar, y que por extraño que haya sido, le produjo cierta paz. ¿Y cómo no? Si era la cámara secreta del ángel, que salió de la oscuridad y que con voz serena le habló diciendo: “Yo conozco tu corazón, y no desconozco tus angustias; por tal razón, te dejo estos consejos para que los leas a todos los productores”.

Primero, -dijo el ángel- “hagan las cosas de corazón, como si las estuvieran haciendo para Dios y no para los hombres” (Col 3:23,24). Pues han de saber que es El quien recompensará todo su esfuerzo, y de El recibirán toda recompensa, la cual por cierto, no es poca y si muy gratificante.

Segundo, continuó diciendo el ángel- “busquen la excelencia” pues la excelencia es el aprecio digno que refleja sus esfuerzos, sus talentos, cualidades y conocimientos. Es ella la que produce el buen nombre y la buena recomendación, y por así decirlo, es de más valor que la misma producción (Ecle 7:1).

Y tercero, -terminó diciendo el ángel- “hagan el bien a todos cuando tengan la oportunidad de hacerlo” (Gal 6:10). Y esto lo decía porque los ratones se habían acostumbrado a producir queso, pero no a las buenas relaciones. El ángel afirmaba que el crecimiento estaba en la gente; por lo tanto, recomendó a Adelfo que compartiera estos principios en todas las bodegas productoras de queso.

Entonces Adelfo, finalmente tomó nota y rápidamente salió corriendo del lugar pero sin despedirse; por tal razón, al sentirse afuera trato de regresar a la caverna pero ya no la encontró. Fue como si nunca hubiera existido. Pero cuenta la historia, que días después Adelfo finalmente entregó diez quesos a Isaí, Isaí a David y este a sus hermanos. Y aunque al parecer nadie sabe para quien trabaja, Adelfo cumplió tal y como el ángel se lo había indicado.

Miguel Cortez

macortez1@live.com

Viaje al puerto de la esperanza

Si esperas en Dios, puedes llegar al puerto de la esperanza. La Hormiga

Margavita solía caminar muy temprano por las mañanas para aprovechar mejor su día. Oraba ella y meditaba en sus pendientes con mucha calma; esto, a pesar de sus muchas actividades que regularmente tenia, pues ella era una hormiga muy productiva y bastante ocupada. Pero cierto día de mayo, regresando ella de su caminata se encontró con su vieja amiga la libélula, quien estaba bastante preocupada por una gran cantidad de cosas que le estaban ocurriendo, pues el negocio de los fletes no andaba muy bien; por alguna razón desconocida había menos embarques que hace un año y además temía por su seguridad financiera. Por otro lado, la libélula tenía muchas deudas, tampoco tenia suficientes ahorros y el estrés le afectaba en gran manera, pues estaba a punto de perderlo todo.  Había trabajado tanto para conseguir el éxito, y ver que ahora todos sus sueños se venían abajo le causaba gran decepción, por lo que se sentía fracasada, frustrada, y sobre todo muy desesperada. Margavita, al verla se dio cuenta de que las cosas no andaba bien; por lo tanto, de inmediato la llevó de paseo a las minas que están frente al lago azul, e invitándola a tomar una pequeña embarcación, rápidamente navegaron dejando que el viento las empujara hacia un rumbo desconocido. La neblina era muy densa, casi no podían ver mas allá de su brazo, pero Margavita sabia lo que hacia, pues la llevo para que conociera el lugar donde años atrás ella misma había recibido una palabra de aliento que milagrosamente encontró en medio de aquella laguna. Eran unas piedras que sobresalían de la superficie del agua, en donde estaban escritas unas palabras que le volvieron la vida, el animo, y la fe. Margavita ya había estado ahí, pero ahora se había llegado el momento de compartirlas con la libélula esta experiencia. De pronto, la barca se detuvo al golpear con aquellas piedras. Margavita rápidamente se levanto y mientras la neblina desaparecía poco a poco se acercó para ver las piedras y luego prosiguió a leer lo que en ellas estaba escrito:

 “Cree en lo imposible”, decía aquella frase, impresa de milagro, desgastada por el agua y poco borrosa, pero que aun podía leerse con algo de esfuerzo. La libélula debía recordar que los milagros existen, que lo sobrenatural todavía era posible y que para el creador nada estaba perdido. Ella debía recuperar la fe, debía atreverse a creer que algo impresionante podía ocurrirle, y que aún de la nada, Dios podía levantar algo nuevo para ella. Ellas recordaron en ese momento las palabras del solemne maestro que decía, “si puedes creer, al que cree todo le es posible”.

 La otra frase que leyó Margavita decía “Confía en el creador”; pero Margavita le aclaró a la libélula que confiar en el creador no era decirle a El lo que tenia que hacer; si no mas bien, entregarle todas nuestras preocupaciones y dejar que su voluntad, la cual es perfecta, sucediera sin estorbo. Para la libélula esto no era fácil, porque ella siempre estaba acostumbrada a tener el control de todo. Pero en esta ocasión, por vez primera debía aprender a confiar en el creador y no cuestionar sus cuidados.

 La ultima frase fue interesante porque decía “Mantente esperando”; a lo que Margavita también agregó, “buenas cosas hay, para los que saben esperar”, recordando así una cita antigua que le venia de vez en cuando a la mente, y hoy no era la acepción. La libélula tuvo que aprender que la ayuda venia del cielo, que si dejaba todo en las manos del creador debía aprender a confiar, y sobre todo, a esperar con paciencia. Mientras tanto, Margavita empujo la barca alejándose de aquellas piedras. La pequeña embarcación avanzaba despacio, sin dirección y abriéndose paso entre el oleaje. Ya era casi medio día. De pronto, a lo lejos se dejo ver una pequeña colonia de hormigas sapientes (sabias) que tocaban trompetas y danzaban muy alegres por toda la orilla de la laguna. La libélula se mantuvo a la expectativa, Margavita sonreía y las sapientes rápidamente ofrecieron comida, regalos y un pequeño trozo de madera fina, y que al tomarlo la libélula leyó en ella lo siguiente: “aguarda al creador; esfuérzate y aliéntese tu corazón; si, espera en el creador”; finalmente habían llegado al puerto de la esperanza.

 

Miguel Cortez

Macortez1@live.com

El mensaje del archivero desordenado

Las cosas en la ciudad de Los Quesos Escondidos habían estado muy tranquilas durante algún tiempo. Con el Vigilante rondando por ahí, nadie se preocupaba por los extraños invasores, y mucho menos, de aquellos rastreadores de tesoros que en algún tiempo dieron mucha lata a la pequeña, pero muy productiva comunidad de Los Quesos Escondidos.

Adelfo, quien regularmente supervisaba la producción de los quesos, había estado tomando notas sobre una de sus vistas a la bodega que había sido construida en honor de una antigua reina, quien les había dejado un especial tesoro; el libro de los sueños. Para Adelfo, entrar a la bodega le provocaba ciertos sentimientos, pues aquel lugar estaba lleno de muchos misterios; había sido construida sobre las ruinas de un antiguo pueblo encantado; algunos ratones de la ciudad decían escuchar extraños portazos durante la noche, y en ocasiones, se maravillaban al encontrar las maquinas prendidas por la mañana después de una larga noche solitaria.

Pero cierta noche de abril, Adelfo tomó su libro de notas, y como desafiando lo desconocido entró a la bodega bien armado de valor, preparado para no dormir y decidido a enfrentar sus peores miedos, porque de no hacerlo, estos se podrían convertir, tarde o temprano, en pequeñas ataduras invisibles que aprietan, que sostienen con fuerza la voluntad, la iniciativa y el ánimo. Así que, sin mas que decir, Adelfo cerró la puerta principal detrás de si. Camino por toda la bodega hasta encontrar un viejo archivero de madera que capto su atención, pues estaba abierto, sucio y desordenado. Al parecer alguien había estado husmeando, y sin temor a ser descubierto había dejado todo en evidencia, para que Adelfo descubriera lo siguiente:

“El caos genera confusión, se pierde la paz y los pensamientos se paralizan” ¿Y cómo no?, si nada mas al ver el desorden en aquel archivero le hizo pensar en la vida tan desordenada que estaba llevando, y que sin darse cuenta, cada día estaba empeorando; pues cada vez el estaba mas estresado, agobiado y por supuesto preocupado. Adelfo estaba a punto de perder la paciencia, nada le satisfacía, y lo que antes le emocionaba ahora le aburría, no distinguía lo importante de lo urgente, y a duras penas terminaba sus responsabilidades. Pero de pronto un portazo se dejo escuchar, un viento fuerte se dejo sentir y el sonido lijero y tranquilo de una flauta se hizo notar, música melodiosa y tranquila que provenía de la oscuridad, y una dulce voz, sabrá Dios de donde, que despacio decía muy cerca de el “Vuelve en amistad ahora con Dios, y tendrás paz, y por ello te vendrá bien” Job 22:21.  Adelfo no recordaba haber estado peleado con Dios, pero si reconoció haber dejado la oración, único medio por el cual solía platicar con el creador. También, aquella voz que provenía de algún lugar le dijo: “Si te volvieres al Omnipotente serás edificado y alejaras de tu casa la aflicción” Job 22:23. Y eso era lo que Adelfo necesitaba, porque la aflicción lo estaba agobiando al punto de sentirse ahogado. No obstante, aquella voz también le aseguro paz, firmeza y recompensa por buscar a Dios (Job 22:27,28). Esto no fue un sueño bonito, la voz era real, tranquila y serena, firme y segura, que finalmente dejo a Adelfo muy pensante sobre su vida, y sobre el archivero viejo, desordenado y sucio que vio en aquella bodega.

De pronto, el amanecer llego sin avisar. El tiempo había transcurrido muy rápido y Adelfo ni cuenta se había dado. Los mitos que se decían sobre aquel lugar no cesaron con la visita de Adelfo. Todavía se cuenta, que en aquella vieja bodega se siguen viendo y escuchando cosas extrañas. Por las mañanas siguen amaneciendo las maquinas prendidas, los archiveros abiertos, desordenados y sucios como si alguien, por alguna razón, quisiera dejarnos un mensaje especial que nos dará la luz a un nuevo orden.

 

Miguel Cortez

Macortez1@live.com