Cuide bien lo que Dios le dio

Cada uno debe cuidar lo que Dios le da. Esa es una responsabilidad que Dios le asigno al hombre desde el huerto del Edén, y ni modo de hacerse de la vista gorda pues hace mucho tiempo que Dios había tomado al hombre y lo había puesto en el huerto para que lo labrara y lo guardara (Gn 2:15). Así que, hay que cuidar lo recibido y no perderlo tan fácil, porque hoy en día hay tanta tentación y las ofertas que parecían ser una gran bendición terminan siendo una gran decepción pues se dice que “el simple todo lo cree” (Prov 14:15) y cuando menos lo espera se le acabo el dinero en nada. ¡Ah! Pero bien por los informados, “que miran bien sus pasos” y no se dejan engañar por ofertas falsas y promesas fraudulentas. Por tal razón, para que cuides mejor tu dinero y todo lo que Dios te da, aquí te dejo al menos tres recomendaciones personales importantes.

Primero, debes aprender a manejar el carácter. Pero no me refiero al temperamento, sino a tu capacidad interna para decir no cuando sabes que no puedes gastar. A esto también se le llama “templanza” y que algunos la relacionan con la virtud del ser humano que le permite controlar sus pasiones e impulsos, y que bien podría ayudar para soportar las tentaciones financieras, esas que llegan cuando no debes gastar aún y cuando la oferta sea jugosa y colorada como una jugosa manzana.  Así que, se controlado, aguanta y aprende a esperar el tiempo adecuado.

Por otro lado, aprovecha bien el tiempo y no tomes decisiones precipitadas, porque eso de comprometerte a largo plazo sin pensarlo y meditarlo es poco prudente y muy arriesgado. Debes hacer un espacio y analizar la responsabilidad que se contrae al aceptar una oferta a largo plazo. La biblia dice que “todo hombre prudente procede con sabiduría” (Prov 13:16) y que “la ciencia del prudente esta en el entender su camino” (Prov 14:8). Las decisiones importantes requieren de un buen entendimiento, sobre todo aquellas en las cuales uno se compromete por largo tiempo.

Y por ultimo, aprende a escuchar el consejo de los que saben; por cierto, no de los que dicen que saben, sino de aquellas personas que tienen más experiencia que uno, y quienes por su gran madurez han aprendido muy bien sobre la importancia del cuidado de los bienes que Dios nos dio. Hay sabiduría en ellos, y quienes aprenden a retener sus consejos, y los obedecen, se hacen sabios (Prov 12:15).

Por lo tanto, seamos buenos mayordomos de las riquezas de Dios. Cuidemos el pan nuestro de cada día y no caigamos en la tentación de la obsesión y el deseo desenfrenado por las compras. No se deje llevar por la apariencia, practique el dominio propio, cuide su huerto y sea ejemplo en el cuidado de sus bienes para sus futuras generaciones.

Miguel Cortez

Macortez1@live.com

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