Entre recuerdos y un cafecito

Margavita disfrutaba de un cafecito en compañía de su amigo mas cercano, el escarabajo café. Pero este tiempo de descanso no fue en balde, porque los escarabajos aprovechaban el tiempo siempre para aprender de los demás, pues sépa bien que se enriquecen sabiamente al escuchar a otros que comparten sus conocimientos. Por ahora, el café solo les traía viejos recuerdos, que bien o mal se habían quedado en la memoria de ellos por alguna razón, sobre todo de Margavita, que todo lo guardaba en el corazón para después meditar y sacar alguna lección. No obstante, aquella mañana de cafecito Margavita trajo de su memoria los tres viejos emprendedores que había conocido en la ciudad de las montañas, allá donde según cuenta la leyenda, que se trabajaba mucho y se sueña con ser próspero.

Margavita decía que estos viejos emprendedores habían sido socios en una compañía, por lo que el dinero no era algo que les preocupara. Sin embargo, y muy a pesar de trabajar armoniosamente, individualmente ellos eran muy diferentes. Uno de ellos, que era el encargado de hacer la nómina, se le veía constantemente consumiendo sus ganancias, que no eran pocas. Este era el que vivía a la moda, siempre elegante, siempre con lo último en tecnología y amante de la vida social. Obviamente tenia el derecho de gastarse su dinero en aquellos placeres, pero nunca se le veía aportando algo nuevo para el negocio. Solo pensaba en disfrutar la vida.

El otro socio era una hormiga muy trabajadora y muy cumplidora con sus horarios, era el que pasaba mas tiempo en la compañía y su habilidad para las relaciones personales fueron un factor para el crecimiento del negocio. No cabe duda que era muy productiva y también disfrutaba de sus ganancias cada día de pago sin dar cuentas a nadie; pero eso si, pagaba sus rentas, sus deudas y cumplía con todas sus responsabilidades justo antes de quedarse sin dinero. Vivía bien, pero siempre vivía de cheque en cheque.

Por otro lado, el tercer socio era muy diferente. Este no salía a gastar cuando recibía sus dividendos, se le veía haciendo cuentas, siempre ahorrando y solo en pocas ocasiones hacia compras que le producían ganancias y no perdidas. Invertía, mas no derrochaba. Cuidaba, mas no desaprovechaba. Era una hormiga administradora, y solo en pocas ocasiones salía a divertirse con las demás. Fue la hormiga mas sobresaliente en lo financiero y a la larga fue la que mejores ganancias obtuvo.

De esto aprendió Margavita mucho, que el ser buen administrador no te hace rico de la noche a la mañana, pero que pierdes menos y ganas mas si en lugar de gastar te dispones cuidar, manejar e invertir lo que con tanto esfuerzo te a costado ganar. Así lo vio también el escarabajo, quien todo apuntaba mientras Margavita le contaba como aquel administrador se convirtió finalmente en dueño de otras compañías. Así que, platicando y platicando, en aquel rico cafecito Margavita y el escarabajo fue que pasaron el día recordando y recordando, pero no sin antes aprender del pasado, que ya muchas otras lecciones les había dejado.

Miguel Cortez

Macortez1@live.com

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