La llave que no abrió

Margavita no acostumbraba a viajar de noche, pero debía llegar pronto a la casa de su buen amigo, quien era su consejero y líder en la comunidad de las hormigas sapientes. No recuerdo cuando fue la ultima vez que ella estuvo ahí, pero la verdad es que cualquiera que visita esa comunidad termina impactado, asombrado y bien cambiado. Esto, porque ahí es donde se vive lo que se predica, se habla lo que se piensa y nunca se olvida lo que se aprende. Así que, a pesar de ser muy tarde, Margavita siguió adelante por la vereda empedrada, cante y cante ella sin mortificación y preocupación; se internó poco a poco en hermosos parajes alumbrados por el reflejo de la luna que le seguía como astro vigilante, precioso y gigante que colgaba de la nada, y que misteriosamente parpadeaba alegremente aquella noche. Margavita, que no acostumbraba los viajes nocturnos, finalmente llegó hasta la ciudad Sapiente, donde junto a la puerta encontró una llave, pero no era una llave cualquiera, sino una de esas que solamente las hormigas saben usar; y que, a manera de enigma le daba el acceso a la ciudad, pero que extrañamente esta vez no funciono. Así que Margavita, enojada arrojó sin pensar la llave lejos entre los arbustos, y frustrada ella se sentó con una fuerte carga de desilusión al ver que las cosas no le habían salido como ella había esperado. No obstante, y de una manera extraña, alguien le arrojo la llave de regreso desde los arbustos, y una voz finita, como de hormiga, le dijo desde aquellos arbustos:

“A veces las cosas no salen como nosotros queremos, pero debemos confiar en la soberanía de Dios, pues es perfecta para todos los acontecimientos”. Margavita sorprendida aprendió en ese momento, que muchas de las veces las cosas no siempre salen como uno quisiera, y que todos debemos aceptar los tiempos y las maneras de Dios, pues sus pensamientos no son como los nuestros y además sus planes para nosotros siempre son buenos, para bien y sobre todo para alcanzar sus excelentes propósitos (Jer 29:11).

Una vez que Margavita asimiló esta nueva enseñanza, la voz desde el arbusto le dijo también: “nuestros planes pueden parecer buenos a nuestra opinión; pero no son perfectos. Sin embargo, la voluntad de Dios para cada uno de nosotros es perfecta y agradable”. A lo que Margavita se quedo muda por unos segundos, pues la voz del arbusto también agregó diciendo: “Y así los caminos de Dios a veces son incomprensibles, pero siempre tienen un final feliz”.

Esto pareció gustarle a Margavita, así que rápidamente cambio de animo; y así como otras veces, saco su diario y apunto: “Dios tiene mejores finales felices; porque Dios si sabe como hacer las cosas”. Entonces, finalmente recogió la llave y como por arte de magia aquella puerta se abrió de par en par. Así que Margavita, continuo su camino, rumbo a su destino, donde siempre se aprende algo y donde nunca se olvida lo que bien a recibido.

 

Miguel Cortez

macortez1@live.com

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