Angeles y quesos

Por Miguel Cortez

Adelfo, el ratón mayordomo de la ciudad de los Quesos Escondidos estaba apurado. Le había llegado un pedido de quesos para un hombre de Belén; queso exquisito, del mejor y muy fresco. Adelfo daba lo mejor de si, pero le preocupaba que los demás ratones productores no compartieran esta misma cualidad, pues últimamente la calidad en algunas bodegas no era tan buena como antes. Le costaba trabajo aceptar que sus colegas no trabajaran con excelencia y le estresaba no ver entusiasmo, aún y cuando el salario era bueno. Así que, preocupado Adelfo salió en busca del gato vigilante de la ciudad para conseguir consejo; sin embargo, en alguna parte del camino una ligera llovizna se hizo sentir, el cielo se oscureció por las nubes cargadas de agua que amenazantes se acercaban a la región. Adelfo, como buen ratón precavido, cualidad que tienen los buenos mayordomos, entró en una pequeña cueva a lado del camino para protegerse de la lluvia y de los posibles relámpagos, pero que sin darse cuenta había entrado a la caverna del ángel, lugar prohibido, misterioso y además olvidado. Fue ahí, donde Adelfo fue sorprendido por un extraño sentimiento, que movido por una fuerza irresistible caminó hacia las entrañas del lugar, y que por extraño que haya sido, le produjo cierta paz. ¿Y cómo no? Si era la cámara secreta del ángel, que salió de la oscuridad y que con voz serena le habló diciendo: “Yo conozco tu corazón, y no desconozco tus angustias; por tal razón, te dejo estos consejos para que los leas a todos los productores”.

Primero, -dijo el ángel- “hagan las cosas de corazón, como si las estuvieran haciendo para Dios y no para los hombres” (Col 3:23,24). Pues han de saber que es El quien recompensará todo su esfuerzo, y de El recibirán toda recompensa, la cual por cierto, no es poca y si muy gratificante.

Segundo, continuó diciendo el ángel- “busquen la excelencia” pues la excelencia es el aprecio digno que refleja sus esfuerzos, sus talentos, cualidades y conocimientos. Es ella la que produce el buen nombre y la buena recomendación, y por así decirlo, es de más valor que la misma producción (Ecle 7:1).

Y tercero, -terminó diciendo el ángel- “hagan el bien a todos cuando tengan la oportunidad de hacerlo” (Gal 6:10). Y esto lo decía porque los ratones se habían acostumbrado a producir queso, pero no a las buenas relaciones. El ángel afirmaba que el crecimiento estaba en la gente; por lo tanto, recomendó a Adelfo que compartiera estos principios en todas las bodegas productoras de queso.

Entonces Adelfo, finalmente tomó nota y rápidamente salió corriendo del lugar pero sin despedirse; por tal razón, al sentirse afuera trato de regresar a la caverna pero ya no la encontró. Fue como si nunca hubiera existido. Pero cuenta la historia, que días después Adelfo finalmente entregó diez quesos a Isaí, Isaí a David y este a sus hermanos. Y aunque al parecer nadie sabe para quien trabaja, Adelfo cumplió tal y como el ángel se lo había indicado.

Miguel Cortez

macortez1@live.com

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