Operacion Petter Pan, una historia de migrantes

Entre diciembre de 1960 y octubre de 1962, miles de niños salieron de Cuba sin sus padres. Esta fue, sin lugar a duda, una de las mayores emigraciones más grandes de niños refugiados sin acompañantes; misma que consistía en trasladar vía aérea a 14,048 niños de entre los seis y diecisiete años de edad hacia los Estados Unidos de Norteamérica. La operación se llamó “Petter Pan” y fue instituida por la oficina Católica de Bienestar de Miami a petición de un grupo de padres cubamos, que al no poder salir de Cuba, prefirieron ver partir a sus hijos a un lugar seguro antes de permitir que el régimen cubano, encabezado por Fidel Castro, enviara a esos niños a un obligado “adoctrinamiento comunista” Algunos padres habían escuchado rumores de que el gobierno cubano les quitaría la patria potestad de sus hijos incrementando la preocupación de aquellos padres, sobre todo de aquellos que profesaban una fe en Dios, pues se creía que parte de ese adoctrinamiento era ateísta. Pero muchos niños fueron beneficiados por la operación “Petter Pan” logrando salir de la isla en dicha operación y fueron entregados a familiares que residían en Miami; algunos de ellos también fueron a diferentes lugares de los Estados Unidos y puestos en campamentos mientras que otros fueron entregados a otras familias que cuidarían de ellos.

 Finalmente, la operación concluyó en octubre del año 1962 cuando la crisis de los misiles de Cuba hizo que se interrumpieran todos los vuelos de Cuba a los Estados Unidos. Para entonces, ya esos miles de infantes habían entrado a Estados Unidos, no considerados indocumentados, si no mas bien, sin la exigencia de un visado, tal y como lo describen en su libro el Reverendo Feliberto Pereira y el reportero Chris Kelley “Yo también soy inmigrante…y jamás lo olvido” publicado en el año 2003.

 Ante este hecho histórico se puede apreciar primero, que la preocupación de los padres sobre sus hijos era clara y justificante. Vivir en un país donde existía el racionamiento de alimentos, muchas escuelas clausuradas, prohibida la fe en Dios, intimidación por parte de las autoridades, reclutamiento obligatorio para los jóvenes de cierta edad y la obligación para el servicio del gobierno eran, por así decirlo, suficientes elementos de preocupación, que sin duda no dejaban dormir a mas de un padre de familia angustiado por el futuro de sus hijos. Queda claro, que ningún padre abandono a sus hijos ante este hecho, sino que la operación “Petter Pan” ofrecía la esperanza para salvar con anticipación a quienes estaban destinados al idealismo del régimen de Castro; a menos que fueran acusados de impostores y desleales.

 Pero por otra parte, la operación “Petter Pan” también representaba dolor, tanto de los hijos como de los padres por la separación ante esta oportunidad esperanzadora. Dolor y trauma que quizá tardarían años en sanar, y que en algunos casos dejaría enormes vacíos ante la incertidumbre de volverse a ver. Aunque en la actualidad existen relatos de que muchos de estos niños volvieron a ver sus padres también existe la posibilidad de que muchos otros no. Así que, ante esto nace la pregunta sobre si el sacrificio hecho por aquellos padres ¿fue acertado, o no? Pero ¿quien podría contestarla? ¿Acaso es posible desarrollar la suficiente empatía como para dar respuesta a esta pregunta cincuenta y seis años después? Al menos quien no lo haya vivido, no.

 Pero por ahora, en plena era de la internet y de las redes sociales, nos toca a nosotros vivir la crisis de las familias que tratan de cruzar la frontera y conseguir asilo. Que viéndolo desde esa perspectiva, aseguran buscar más la seguridad y protección para sus infantes, que una ambición material y personal; porque lamentablemente, en países como El Salvador, Honduras y Guatemala, solo por mencionar algunos, se carece de la seguridad y pierden la esperanza ante la poca o nada ayuda que reciben de sus autoridades; provocando así, la emigración de estos padres, que decidieron salir con sus hijos a buscar lo mejor para sus familias; y esto a pesar de los peligros que quizá muchos no ignoraban. Entonces, ante este hecho, la mayoría de las personas se debaten, no tanto a favor o en contra de separar a los padres de los hijos, sino entre culpas y reproches; algunos de carácter político y otros de carácter personal. Porque todos tienen algo que decir, porque saben algo o creen saberlo a raíz de tanta información, que mala o buena corre con mas rapidez que en 1960, pero que hasta cierto punto, cada vez menos confiable, y que sirve de poco para formarse un criterio sano y justo. Por ahora lo único cierto es que, por un lado continúan las protestas, y por el otro, el esfuerzo por mantener a un país seguro para todos.

 

 

Miguel Cortez

2 comentarios en “Operacion Petter Pan, una historia de migrantes”

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