¿Dónde esta Dios, cuando tengo una tormenta?

La voz desde la tormenta

Si algo me queda claro, es que las crisis algún día llegan a nuestra vida; a veces sin avisar y otras como que ya las esperábamos. También me queda claro, que a nadie nos gustan las crisis; de hecho, a todos nos gustaría tener una vida ausente de los problemas y nunca sufrir. Pero esto no es posible; en la vida hay muchos problemas que resolver y algunas adversidades que afrontar. Como el caso de Margavita, la hormiga mas inteligente de toda la hormigueada, y que una vez se perdió bajo una tormenta, pero que luego se repuso para regresar a casa, y finalmente pudo aprender mucho de aquella experiencia negativa. Así nosotros, que al no poder evitar esas “tempestades de la vida”, si podemos aprender mucho de ellas; eso, si tenemos la actitud adecuada. Pero hay tres cosas que debes saber acerca de las crisis que tu probablemente no te habías percatado, pero que debes recordar siempre que estas pasando por un problema.

Primero, que Dios conoce todas nuestras aflicciones. Aunque a veces nosotros pensamos que nadie nos entiende, Dios nos entiende. No es como si El pasara por alto el día que nos fue mal, o que se hiciera de la “vista gorda” ante nuestros problemas; sino mas bien, que El estuvo atento, quizá muy al pendiente como un padre que mira a su bebe caer cuando da sus primeros pasos, pero que luego lo deja levantarse solo, dándole así la oportunidad de aprender a levantarse.

Segundo, Dios escucha tus plegarias. Claro, así como no es posible la ausencia de problemas en la vida, tampoco existe la posibilidad de ser ignorados ante un Dios que no miente. Alguna vez El dijo: “si se humillare mi pueblo, desde donde mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonare sus pecados, y sanare su tierra” (2 Crónicas 7:14). Entonces, debido a lo anterior, pecado sería interpretar hasta el menor de sus silencios como rechazo a nuestras súplicas, pues no va con su carácter salvador, y mucho menos con su naturaleza redentora; pues su silencio bien pudiera ser una respuesta, momentánea quizá, e incomprensible para la mente humana. Pero que si se deja al tiempo, este nos aclararía la profundidad de sus secretos.

Y tercero, Dios esta haciendo algo al respecto, aun y cuando no veamos que hay algo que El esta haciendo por nosotros. ¿Y cómo saberlo?, o mejor dicho, ¿deberíamos saberlo? Quizá no. Pues como dijo Job: ¿Quién puede cuestionar sus actos? (Job 9:12) o si El nos cuestionara, ¿podríamos nosotros responderle mejor que el a nosotros? (Job 38:4); por supuesto que no. Por lo tanto, dejemos que el haga, según su voluntad. Confiemos en su providencia, que actúa en favor de nosotros, aunque nosotros no la entendamos. Pues no fuimos llamados a entender, sino mas bien a creer.

Por lo tanto, también hay otra cosa que me quedo clara, o que al menos aprendí igual que Margavita, en medio de la crisis; que Dios nos entiende mejor de lo que nosotros podemos entenderle; y que no sabemos tanto como para corregirlo, o acusarlo sin antes haberlo escuchado a El desde la tormenta, del torbellino, o de la tempestad (Job 38:1;40:2).

 

Miguel Cortez

Macortez1@live.com

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