Margavita y la Lombriz

Margavita vivía feliz; pero no así la lombriz, que siempre andaba batallando con llegar a fin de mes sin que le faltara el dinero para sobrevivir en este mundo cada vez más exigente, y caro. El otro día, supe que había tenido que pedir prestado a la luciérnaga, ya que por andar de pachanga en pachanga e invitando a diestra y siniestra, se gastó los últimos fondos que le quedaban. Pobre Lombriz, tan quietecita que se ve, pero tan “gastalona” y despilfarradora que es. Pero Margavita siempre está al tanto de todo. Y en esta ocasión, no perdió la oportunidad de darle una lección a la lombriz, quien prontamente saco su cuaderno de notas y apuntó todo lo que Margavita le enseñó. La noche apenas empezaba, así que las dos muy monas se sentaron en la plaza y finalmente Margavita compartió tres de sus grandes enseñanzas.

La primera enseñanza, decía que “todos debemos vivir por debajo de nuestros ingresos”. Cosa que la lombriz ya sabía, pero que no hacía. Su error financiero fue que siempre gastaba más de lo que ganaba, y se daba una vida de lujos, que desde luego, estaban por encima de sus ingresos. No tenía límites. Ella ya lo había escuchado antes, pero por alguna razón, la “cabezona” de la lombriz no había hecho caso. Afortunadamente, Margavita le hizo entender, y finalmente la Lombriz se comprometió con ella misma a llevar un control de gastos bajo un presupuesto bien establecido. Ahora solo faltaba firmeza de parte de ella para llevarlo a cabo mes tras mes.

Por otra parte, Margavita le ensenó que “todos debiéramos navegar siempre con un fondo de emergencia”. –Es como salir al mar en barco, pero acompañado de un bote salvavidas– dijo Margavita. La verdad es que no siempre se ocupa, pero cuando se ocupa sí que te saca a flote. Las emergencias suelen suceder a cualquiera. Nadie está exento en las calamidades de la vida; y a veces cuando menos te lo esperas, llega una. Por tal razón, uno debe prepararse. Como dijo el sabio Salomón, sobre aviso no hay engaño, o al menos eso fue lo que entendió la Lombriz. (Proverbios 22:3)

Y para no servir de carnada– dijo Margavita – lo mejor es “mantenerse alerta ante la llegada de nuevas oportunidades”. Así como las emergencias aparecen sin avisar, también las oportunidades aparecen. –Tiempo y ocasión nos acontece a todos– dijo Margavita muy segura de sí misma. (Eclesiastés 9:11). Lo que ella explico a la Lombriz, era que todos recibíamos oportunidades de crecimiento en la vida, pero que no todos las podían aprovechar puesto que no estaban preparados para tomarlas; ya sea porque estaban hasta el cuello de deudas, o porque no tenían suficiente capital para esos momentos. –Por lo tanto– dijo Margavita – deja de vivir alocadamente como si el hoy fuera lo único que existiera, ahorra algo de tus ingresos y espera el momento adecuado para usar tus ahorros sabiamente.

En aquella noche, Margavita también aprovechó aquel momento para hacer una pequeña oración por las finanzas de la Lombriz, y continuó explicando muy detalladamente que la felicidad era una actitud que se podía aprender. Así que, la pequeña Lombriz, desde aquella noche aprendió a ser feliz a pesar de no vivir de pachanga en pachanga. Margavita, por su parte regresó a su casa aquella noche, donde la esperaba una chimenea, su mecedora favorita, y un libro negro que misteriosamente ella había encontrado entre las cavernas, en aquel extraño viaje, que le había cambiado la vida para siempre.

Miguel Cortez

Facebook: Miguel Cortez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s