La fiesta de las luces

Por Miguel Cortez

Entre pulgas, luciérnagas y hormigas, se paseaba Margavita luego de una gran jornada larga de trabajo entre las piedras lisas que el tiempo había dejado regadas por ahí. Ella había estado en los desiertos del sur, pero ahora regresaba con buen ánimo y se dirigía hacia la casa de la reina para celebrar la última de las fiestas solemnes; “la Noche de las luces”. Ese día, todas las hormigas debían estar presentes para agradecer al creador la bendición del trabajo y su cuidado soberano que había tenido sobre cada una de ellas. Por la noche, la reina acostumbraba dar un gran discurso, se encendían teas y la cuidad de Hormiguea se llenaba de luces brillantes por todas partes. Las luciérnagas lucían sus mejores trajes, embellecían con su arte el paisaje confundiéndose en ocasiones con los faroles que alumbraban las calles, había escarabajos elegantes, catarinas de muchos colores que bajaban de los árboles para unirse al festín y libélulas que transportaban alimentos finos para la cena. Por supuesto, no faltaban las mariposas, chapulines y los grillos, que con sus instrumentos musicales ofrecían bellas sinfonías que deleitaban a los presentes hasta el amanecer. Margavita disfrutaba tanto esta fiesta, deseaba ser la primera en las filas, pero algo sucedió. Una enorme rana se le atravesó, y con un gran salto ella poso delante de Margavita impidiendo su paso hacia la gran fiesta. La rana, muy seria ella traía un pergamino enrollado, bien amarrado a su pata izquierda, y que a juzgar por sus movimientos quería que lo abriera. Asi que Margavita, con algo de temor, como pudo lo quito de su pata, y al abrirlo notó tres mensajes en lenguaje desconocido. Trató de entender aquel manuscrito, pero le fue inútil. Margavita se había concentrado tanto viendo el pergamino que no se percató en que momento la rana desapareció. Así que, asustada ella corrió hasta la gran fortaleza de la reina quien le recibió con un fuerte abrazo. La reina hormiga tenía un carácter increíble, tomo el pergamino, bendijo a Margavita y luego se pasearon por toda la fortaleza hasta llegar a una biblioteca que tenía una gran ventana. La reina, vestida de azul salió al balcón y de pronto, una gran algarabía se dejó escuchar. Los grillos comenzaron a entonar un canto celestial, las mariposas agitaban sus alas mientras las hormigas hacían reverencia ante aquella majestad. La reina levantó su báculo en señal de respeto y luego hubo gran silencio. Finalmente ella, su majestad, leyó el pergamino de la rana en presencia de todos, era la hora del gran discurso y Margavita estaba más que sorprendida, ella quería ser la primera en las filas, pero nunca se imaginó que estaría en el balcón aquella noche junto a la reina.

 -Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a tiDijo la reina con mucha autoridad. Todos aplaudieron. Estaba claro para la reina que la rana había sido la mensajera del creador, y que su voluntad era que nadie viera hacia atrás. El pasado ya era historia y mucho se podía aprender de él, pero no se podía vivir en él. Así que, el consejo divino era mirar siempre hacia adelante, dejar ir el pasado y mantenerse a la expectativa de una nueva etapa de vida.

-Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida– Leyó enseguida la reina, explicando que dentro de nosotros está nuestro tesoro más sagrado; el carácter. Sin este, los manantiales se desbordan y la vida se pierde. Es decir, que a falta de carácter el individuo se aleja de la voluntad de Dios y hecha a perder el buen destino que Dios le había preparado. Por lo tanto, en esta Noche de las Luces donde comenzaba el nuevo año, todos debían reflexionar sobre sus corazones y enderezar sus caminos.

Finalmente, la reina dijo –Escuchen, hijos la corrección; dispónganse a adquirir inteligencia– La sabiduría de la reina era incuestionable. Pero ella sabía, que no era perfecta. Ella tenía la confianza de que el próximo año les trajera mucha abundancia y productividad. No dudaba de que así fuera, pero también estaba consciente de que nadie estaba exento de cometer errores; así que, recomendó a toda la homiguedada que aprendieran de las caídas, errores y fracasos, y se levantaran pronto para seguir adelante. Adquirir inteligencia de los fracasos y poner atención a las correcciones de la vida es de sabios y es necesario para seguir creciendo.

Margavita estaba apuntando todo en su diario, como siempre, ella muy al tanto de todo lo que pasaba. La música se volvió a escuchar por todas partes. Las luciérnagas empezaron a parpadear bailando sobre el viento de aquella noche. Las catalinas jugaban, corrían unas detrás de otras, las hormigas comían, los escarabajos reían y toda la ciudad se convirtió en una gran fiesta luego de que la reina guardara el pergamino y volviera a su biblioteca. Margavita estaba maravillada, rápidamente salió corriendo de la fortaleza, y luego junto a su amiga Mariettra, la luciérnaga, recorrieron todos los caminos anunciando este mensaje, que finalmente fue escrito en el libro de la sabiduría, el IV día, del nuevo año.

Miguel Cortez

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