El Catecismo del Xoloitzcuintle

Pues ándate que paseando por ahí me perdí en las veredas del Cerro de las Mitras. No es que desconociera el lugar, pero es que era de noche y venía pensando en Frida, la perrita labrador, aquella que salvo muchas vidas en el temblor del 7 y 19 de septiembre en nuestro país. De pronto, y como no había luna que me aluzase para ver el camino, quise valerme de mis instintos para regresar a casa, pero me fue imposible, y mientras más avanzaba más me perdía entre aquellas veredas llenas de cascajo. Ya no sabía si bajaba o subía el cerro, todo era confuso, y para colmo comenzó a salir una densa neblina sobre la hierba que no me dejaba ver con claridad. La hermosa vista de Monterrey pronto quedo muy atrás y un extraño ruido me sorprendió por entre la oscuridad. Estaba seguro de que algo, o alguien me estaba siguiendo; no obstante, me escondí en una pequeña cueva, esperé unos momentos y de pronto sucedió.

De entre la oscuridad salió un perro muy extraño; negro, flaco, hocico alargado y con sus orejas puntiagudas caminaba muy derecho. Me pareció tan extraño que lo seguí en silencio hasta una pequeña cueva donde había un ojo de agua. Por extraño que parezca, y de una manera sobrenatural, el perro hizo una fogata y luego se sentó junto a ella. Al poco tiempo, y no mucho, llego también un perro pastor alemán que se acomodó junto a él. Pero este no venía solo, sino que un Golden Retriever le seguía, también un Dálmata, un Danés, un Chihuahua, un Boxer, un Border Collie, un Vizsla, un Pointer Ingles, y hasta donde yo alcance a ver, también un Pit bull; no obstante, también había perros de la calle, sin nombre ni dueño. Todos miraban fijamente al extraño perro negro de orejas puntiagudas como si este fuera, de alguna forma, la máxima autoridad canina. Pero al parecer todos se respetaban, y se honraban de igual forma sin importar la raza, tamaño o lugar de residencia.

El punto es que, aquel extraño perro negro saco un pergamino, una imagen tallada a color y un hueso exquisito bastante grande. La imagen era de Frida, una perrita labrador color claro, que por cierto ella había salvado muchas vidas en los temblores que sacudieron nuestra bella ciudad de México y Oaxaca en el mes de septiembre del 2017. En el pergamino, por increíble que parezca, logre ver que decía en la parte superior: “Catecismo Canino”. Y el hueso finalmente lo partieron en pequeñas cantidades a manera que todos pudieran comer; no sin antes haber leído el “Catecismo Canino”, que por cierto decía:

«El entrenamiento nos prepara para hacer lo correcto». Dicha frase tenía sentido, puesto que alguien que se entrena para cierta actividad por lo regular reacciona como es debido ante una eventualidad o contingencia negativa. En otras palaras, un individuo bien entrenado se vuelve apto para un trabajo o una misión. Por lo tanto, nunca hay que desvaluar los entrenamientos y no solo seamos empíricos.

Por otra parte, el “Catecismo” también decía lo siguiente: «La disciplina produce excelencia, y de paso moldea el carácter». ¡Por supuesto! Solo hay que recordar que la disciplina es el conjunto de rutinas que llevamos a cabo para mantener el orden. La disciplina siempre produce buenos resultados y nos da la capacidad de hacer las cosas bien hechas. También nos ayuda a formar buenos hábitos y nos mantiene dentro de lo correcto, que, dicho sea de paso, es la base de nuestro carácter.

Por último, o al menos lo que alcance a ver, aquel Catecismo tenía una frase bien remarcada al final que decía: «…y vio Dios que era bueno…» Al momento no logre entender esta frase. Pero de pronto la sesión se levantó, todos bebieron del ojo de agua y de uno por uno comenzaron a salir. Me pareció poco tiempo, pero en realidad estuve escondido por varias horas. Todos los canes empezaron a despedirse y fue hasta en ese momento que me di cuenta de que había perros policías, rescatistas, perros de terapia, cazadores, cuidadores de rebaños, vigilantes, guías de ciegos, esquimales que arrastran trineos, bóxer que cuidan niños y muchos otros perros de servicio. Fue ahí donde recordé las sabias palabras del apóstol Pablo “Por lo tanto, alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal y como lo están haciendo” 1 Tesalonicenses 5:11.

No sé si Dios al principio quiso al perro tanto como a nosotros, pero estoy seguro de que les dio cualidades especiales para realizar cosas especiales. Ahora entiendo, Dios los creo y los hizo bien. Pero nos toca a nosotros cuidarlos y hacer que esas cualidades funcionen en favor de la humanidad y no contra ella.

Por cierto, mientras meditaba en estas cosas, oí una voz a los lejos que despedía al perro de orejas puntiagudas, le llamaba el “Xoloitzcuintle” y hasta en ese momento supe que el era el jefe supremo de la comunidad canina. Lo demás no lo recuerdo, solo sé que me quede dormido hasta el amanecer y que un grupo de rescatistas me encontró recostado cerca del “Pico Perico” en lo más alto de la montaña. Cosas raras pasan en este mundo, y más en el mío, que cuando un perro ladra es porque algo tiene que contar.

Facebook: Miguel Cortez

 

 

3 comentarios en “El Catecismo del Xoloitzcuintle”

  1. Buenas enseñanzas creo que este perro dice mas que muchos otros hocicos.
    Pregunta: entonces que los perros tienen reuniones secretas de noche. ?

    Me gusta

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