Viviendo “deprisa”

Un día de esos, la reina Anthia caminaba por entre los arboles gigantes que adornaban el gran reino de Hormiguea hasta llegar al famoso valle de los recuerdos. La reina había tenido días pesados y apenas si le faltaba tiempo para descansar. Era una reina muy ocupada, siempre tenía algo que hacer y su agenda era muy apretada. Sin embargo, aquel día decidió salir en busca de un espacio donde pudiera meditar y el valle era el lugar perfecto. Se, de muy buenas fuentes, que hay un río que atraviesa todo ese valle. Se dice que es peligroso porque suelen formarse remolinos y las aguas son muy profundas. Pero la reina era de “pocas pulgas”. Valiente y misteriosa llego hasta el rio y encontró una pequeña barca abandonada llena de agujeros e inservible para flotar. No obstante, la empujó hacia el agua, se subió y empezó a remar entonando una hermosa canción. Fue tan extraño, porque a pesar de que la barca no servía, tampoco se hundía. Y mientras la reina seguía cantando, las aguas seguían reposando. Se respiraba un ambiente de paz inexplicable, el silencio era sublime, excepto por la voz angelical de la reina que seguía cantando. Al llegar del otro lado, y para susto de cualquiera, estaba nada más y nada menos que el Monarca mayor, mejor conocido como el “Señor de las Luces”, quien ayudo a descender de la barca a la reina Anthia, y golpeando el piso con su báculo de madera provoco un temblor que hizo abrir un camino por entre los arboles, que finalmente conducía hasta la meseta de las fuentes, donde según la leyenda, nada es imposible. El Monarca camino delante de ella hasta la primera fuente, golpeo tres veces la base y de pronto apareció un mensaje sobre el agua que decía “quien vive más despacio, disfruta más la vida”. El Monarca no hablaba mucho, pero el mensaje fue claro. La reina Anthia estaba viviendo muy deprisa y no se daba tiempo para disfrutar de la naturaleza y las bendiciones del creador. No se daba cuenta que la vida se le había ido en agendas, proyectos, citas, campañas y diversos compromisos. Anthia miro al reflejo del agua, trato de recordar su niñez, pero su memoria poco le ayudo porque tenía la cabeza llena de múltiples asuntos de trabajo.

Pasando a otra fuente, el Monarca volvió a golpear tres veces la base de esta, y de pronto otro mensaje se dejó ver sobre el agua, pero esta vez decía: “hay cosas en la vida que son irremplazables”. Por esa razón es importante no olvidarse de aquellas cosas que realmente son importantes en la vida; la salud, la familia, los amigos y nuestra relación con el creador. La reina Anthia sabía que el trabajo le había robado el tiempo para su familia y amigos; por lo tanto, fue necesario para ella replantearse algunas cosas y buscar la manera de reordenar su agenda. Si no lo hacía, entonces corría el riesgo de enfermase por tanto trabajo y de paso quedarse sola por haber hecho a un lado todas sus relaciones.

Y bueno, el Monarca sin decir una palabra, llevó a la reina a una fuente muy extraña. En ella había peces de colores y piedras de gran valor. Anthia metió su mano al agua y saco una piedra del fondo y en ella estaba escrito lo siguiente: “nadie puede quitarte lo que Dios te da, a menos que seas tú quien lo entregue”. Lo que realmente el Monarca quiso decirle a través de este mensaje fue que Dios nos había dado todo el universo para cuidarlo y protegerlo. Nos había dado también el tiempo, los recursos y la vida para administrarla con responsabilidad. Por lo tanto, la responsabilidad no se podía evadir, cada quien era responsable de administrar bien lo que Dios le había dado y no dejar que las ambiciones, los afanes y los excesos consumieran nuestro viaje por este mundo. Así que, más claro que el agua no podía estar. Anthia determinó hacer cambios en su vida profesional, y pronto regreso a la ciudad de Hormiguea para compartir todo lo que había aprendido en este pequeño viaje al otro lado del rio. Pero a su regreso nunca se imaginó que aquella pequeña barca, podrida y bien abandonada había desaparecido. Al parecer el nivel del agua había subido y por alguna extraña razón la corriente arrastro la barca a lo largo del rio. No obstante, el Monarca hizo una extraña señal con su báculo y de pronto apareció entre la niebla una enorme embarcación llena de hormigas de todos colores, bien armadas y preparadas para llevar de regreso a la reina Anthia, quien luego de abordar desaparecieron entre las tinieblas con rumbo a la ciudad de Hormiguea.

 

Miguel Cortez

©copyrigth 2017 Miguel Cortez

2 comentarios en “Viviendo “deprisa””

  1. Nuestro enfoque se desvía en tantas cosas materiales para impresionar a gente que no conocemos y regalar cosas a la gente que no nos cae. Lo más valioso que tenemos es la relación con nuestro Dios. Recapacita, siempre es un buen momento para tomar otro rumbo. La decisión es tuya. No se para quien sea esto, pero aquí está. Bendiciones

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