Bullying, pasado y presente

De niño las distancias son más largas, el tiempo transcurre más lento, y la gente parecer ser más alta; por lo menos para mí, que fui el segundo de la fila por ser uno de los más bajitos de estatura. Pero ser de los más bajitos nunca fue tan malo, aunque nunca faltaba quien se pasara de listo he hiciera burla de mi estatura. También recuerdo a “Poncho”, que por estar pasado de peso no cabía en la lista de los perfectos, pero si en los más atacados por su apariencia física. El punto es que a principios de los 80’s, cuando yo estaba en la escuela primaria, no recuerdo haber conocido la palabra “bullying”, pero si recuerdo las burlas, las malas bromas y el escarnio “inocente” al que muchos de mis compañeros fueron sometidos.Dicen que los apodos empiezan en la casa. Pero muchos de los pensamientos, conceptos e ideas que se forma uno en la cabeza nacen entre las filas de la escuela primaria y de la secundaria. Hoy te quiero compartir, a manera de platica, por lo menos tres ideas falsas y bien distorsionadas que muchos aprendieron de niños y que tiene que cambiar pronto.
La primera idea falsa fue aquella que dice que “los chaparros son los más débiles”. Como si la grandeza y el poder solo fuera para los más altos y la fragilidad para los más bajitos. Pero no es así, porque la estatura de una persona nunca determina su grandeza; aunque tenga ciertas ventajas. Se dice que la hormiga puede levantar cincuenta veces su propio peso y además transportarlo por una gran distancia, y según los que saben aseguran que esto se debe a su pequeño tamaño; es decir, que ellas le sacan el mejor provecho a su pequeña estructura; y no se quejan. Por cierto, Dios le dio gran sabiduría a Salomón, y sin embargo este aprendió de ellas a pesar de ser tan pequeñas (Proverbios 6:6 Ver. RV 1960).
La segunda idea falsa es aquella que dice que “Los(las) más feos(feas) no son populares”. Y aquí es cuando yo digo “¿Quién pude decir que una persona es fea? o ¿Quién puede determinar si una persona es popular o no? Aún si “Betty la fea” existiera, no sería la última ni la primera en sobresalir a pesar de ser juzgada y rechazada. Y mira que ser rechazado(a) por el aspecto físico desafortunadamente no es un asunto que solo se vive en la niñez, si no también en la adultez. Recuerdo haber visto a una compañera de clase llorar por ser juzgada a causa de sus zapatos. Estábamos en ese quinto año de primaria, un día se puso unos zapatos con suela de goma, los compañeros hicimos bromas y por supuesto no tardo en llorar. Miroslava, otra compañera de clase trato de levantarle el ánimo, pero la presión hizo reventar a Ivonne quien bajo el llanto salió corriendo del salón en busca de Anselmo, nuestro profesor de quinto año. Para ser honestos, no recuerdo el sermón del profesor, ni el castigo que nos impuso, pero nunca olvido esta triste experiencia que me dejo marcado por el bien mío. Por cierto, ninguna marca de tenis, zapatos, bolsa, vestido o corbata te hace más bonito(a), famoso(a) o popular; más bien, es el hecho de ser recordado(a) a través de los años y de haber producido una conexión eterna y sincera con las personas.
Y la tercera idea falsa que uno aprende, es aquella que dice que “los que tienen más cosas, son los más felices”. Pero luego ves a Quiko buscar una pelota más grande que la del Chavo para fingir prominencia y te das cuenta de cómo la competencia y la envidia ahoga la risa y el contentamiento. Por otra parte, Salomón decía que “cuando aumentaban los bienes, también aumentaban los que las consumen” (Eclesiastés 5:11 Ver. RV1960), eso significa que “a mayor riqueza, mayor es la responsabilidad”, no la felicidad. Ciertamente, las cosas materiales pueden llegar a ser una bendición para quienes las posean, pero si se pierde la actitud correcta hacia los bienes materiales también se perderá el contentamiento. Por lo tanto, sepa bien administrar y valorar lo que Dios le da, porque solo aquellas cosas que se obtienen bajo la bendición del creador son las que realmente se disfrutan con felicidad (Proverbios 10:22 Ver. RV1960). 
Pero, recuerdo a un tal Edgar, que por cierto era el único que usaba lapicero. Tenía un juego de reglas transparente que no encontrabas tan fácil en una papelería. Su mochila color azul resaltaba entre las demás. Sus ojos color miel lo hacían tan popular como Superman en los 80’s. Era un “tipazo”. Conocí a su padre porque nos contó la historia de un pájaro que estuvo a punto de morir congelado, a no ser porque una vaca hizo “popo” encima de él y eso le salvo. No recuerdo la aplicación que él nos enseño acerca de esta fábula, pero si recuerdo el esfuerzo que hizo por dejarnos buenos valores, principios e ideas para ser mejores personas. Así que, igual que el papa de Edgar, aquí te algo en que pensar. Quizá no de aprender, pero si para desaprender, porque hay muchas ideas falsas que hay que deshacer. Aún queda mucho por cambiar, mucho que corregir y mucho que compartir. Eso, si queremos dejar en el pasado el escabroso asunto de las ideas falsas.
Facebook: Miguel Cortez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s