Hasta luego

Es difícil decir adiós. La mamá que deja a su hijo por primera vez en la escuela lo entiende; el hermano que se despide de la familia para irse a vivir a otra ciudad; los amigos que se abrazan el día de la graduación; el padre que regresa a la base militar; la madre que se va a trabajar, y King, el perro labrador color chocolate que viaja conmigo sentado en el asiento del copiloto mirando las estrellas por la ventana. La vida le trajo cambios y cuando estos llegan hay que ajustarse. Yo quise explicarle que le amaban tanto como para no dejarlo ir, pero al verlo tan serio supuse que estaba ocupado contando estrellas y tal vez tratando de aceptar su nueva realidad, así que guardé silencio, prendí la radio y el pequeño labrador se fue quedando dormido antes de llegar a su nuevo hogar. Me alegra tanto saber que una buena familia lo esperaba aquella noche, pero sigo sin entender como una despedida pude ser tan difícil, aun para un perro; que por cierto, me hizo reflexionar sobre tres “frases famosas” que no entendía y que te comparto a continuación.
La primera fue que “la vida es una tómbola”, pero solo en el sentido de que a veces puedes hacer planes para el día de mañana y de pronto todo cambia. No digo que planear no sea bueno. A mí en lo personal, y lo profesional, me gusta planear todo lo que hago, sobre todo cuando se trata de proyectos, cuentas y discursos; pero eso no significa que la vida esté sujeta a mí, o que yo tenga absoluto control del futuro como si fuera dueño del destino. Más bien, significa que no estoy exento de las pequeñas transiciones que la vida me ofrece en cierto momento. Lo cierto es que hay que aceptar estas transiciones para poder volver a empezar; que si algo termina hay que tomarse el tiempo para sentir sus respectivas emociones, luego sobreponerse y seguir adelante. Pero no sin antes recordar, que solamente es Dios, el único absoluto y dueño del tiempo, las épocas y el destino. (Daniel 2:21 NVI)
Otra de las frases que recordé fue que “nada es para siempre”. Es decir, que no todo es eterno en esta vida. Como ya lo dije en alguna otra nota, algunas cosas llegan para quedarse, mientras que otras solo están de paso. Mi madre tuvo que dejar ir a “Suky” y a “Kiler”, dos perritos bóxer que habían robado su corazón, pero que luego de un tiempo tuvo que entregar voluntariamente en manos de otra familia por cuestiones de espacio. Todavía guardo recuerdos, pero por mucho que nos hubiéramos esforzado no hubiera sido posible mantenerlos por mucho tiempo, y hubiera sido injusto darles una vida incomoda sin poder atender sus necesidades. Entonces, si nada es para siempre, hay que aprender a decir adiós y ocuparse de lo único que nos queda. Nosotros.
Y finalmente, otra frase que me hizo mucho ruido aquella noche estrellada, fue que, “el presente es lo único que tenemos” ¡Claro! El pasado ya se fue y algunas cosas no se pueden cambiar. Recuerdo una pequeña perrita “French Poodle” color blanca, que encontramos en la calle un día de fuerte lluvia y muy aferrada a la malla ciclónica de mi casa. Estaba sucia, mal oliente y trágicamente sin el ojo izquierdo; al parecer lo perdió en alguna batalla callejera y todavía sangraba. El veterinario que la atendió tuvo que operar rápidamente y cerrar el parpado para siempre. Lamentablemente quedo “tuerta”; pero no sin antes haber sido bañada, perfumada y bien entendida. No pudimos devolverle el ojo, pero si le conseguimos una familia nueva que la recibió, la cuido y sobre todo que la amó sin reservas. Igual que Dios nos amó a nosotros (Juan 3:16), olvidando el pasado y ocupándose del presente. Porque el presente es lo único que hay, y es de lo único que nos podemos ocupar, por lo menos hasta el día de hoy. 
Pero mientras tanto King, el perro labrador color chocolate, con el hocico descansando sobre sus patas cruzadas, despertó al sentir el reflejo de las luces de la ciudad; se asomó de nuevo por la ventana y miró al cielo donde estaba Dios, fabricando la vida, los planes y más constelaciones para adornar aquella noche inolvidable, que en espacio de un presente me deja un hermoso pasado, que se despide con un adios, pero digno de ser recordado. 
Miguel Cortez
Facebook: Miguel Cortez

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