La Prudencia

Dicen que la curiosidad mato al gato, pero el Vigilante de la Ciudad de los Quesos escondidos rompió con el mito. Aún recuerdo el día que El Vigilante descubrió el camino a la ciudad. También recuerdo cuando Adelfo, el ratón mayordomo, lo recibió como amigo del pueblo y le dio la llave que abre una de las puertas más importantes del lugar, que, por cierto, era donde estaba inscrito uno de los principios elementales que se predicaban en la Ciudad de los Quesos Escondidos.
Pero al parecer, Adelfo tenía una preocupación. Era bien sabido que fuera de la ciudad había otras comunidades “ratonales” desprotegidas, y que había gatos no tan sociables como El Vigilante. El peligro era claro, latente y agobiante. Por esa razón, Adelfo viajo a esas comunidades y levanto cercas con plantas aromáticas, que, al caer la noche, desprendían gustosos olores que confundían al enemigo alejándolo de aquellas pequeñas poblaciones. No obstante, también capacitó a todos los residentes para casos de emergencia; a lo que El Vigilante también se sumó y agregó por lo menos tres recomendaciones sobre la “Prudencia” que debían tomar en cuenta y no poner en peligro la integridad de todos.
La primera recomendación que citó, fue que «Debían aprender a distinguir lo bueno y lo malo para no dejarse llevar por cualquier mito o leyenda engañosa». Era claro que el enemigo andaba como “león rugiente”, o mejor dicho, como gato hambriento. Por lo tanto, todos en las pequeñas ciudades debía cuidarse de los pequeños engaños de los “tlacuaches” que argumentaban, según ellos, la ausencia de peligro al salir por las noches. -Discernir entre el bien y el mal no es acerca de emociones– decía El Vigilante- sino de la prudencia aplicada en todos nuestros actos antes de tomar algún riesgo.
La segunda recomendación que cito fue: «Estén siempre atentos a todo, y no descuiden sus debilidades». El vigilante sabía mucho acerca de esta recomendación. Alguna vez escucho decir: “un ojo al gato, y otro al garabato”, pues una antigua tradición decía que el garabato era una especie de gancho donde solían colgar carne cruda, pero quien estaba al cuidado de la carne, debía también cuidar al gato para que este no intentara robarse el suculento alimento. Por tal razón, ahora El Vigilante instruía al pueblo para que no descuidaran sus deberes, y además que tuvieran cuidado de ellos mismos.
Y la tercera recomendación que dijo fue: «Fortalezcan el dominio propio, y eviten el exceso de confianza». Una antigua canción, cuyo autor se desconoce, recitaba que, uno, dos, tres, y hasta cuatro elefantes podían columpiarse sobre una telaraña. Pero, aunque es una linda canción infantil, El Vigilante no dejaba de pensar en el abuso y la tolerancia hacia aquellas cosas que representaban un peligro. Por lo cual, indicó no vacilar ante tales circunstancias y evitar el exceso de confianza. -No hay necesidad de probar nada a nadie- dijo El Vigilante. Una antigua tradición acreditaba por lo menos siete vidas al gato, pero El Vigilante no estaba dispuesto a comprobarlo. Así que, eligió la prudencia, y eso le salvo la vida.

Desde entonces el gato vigilante cuida y protege al ratonal, con sus uñas bien afiladas ahora se pasea por los arboles durante la noche. Mueve su enorme cola y le sonríe a la luna quien le observa desde un cielo lleno de estrellas. Adelfo se siente orgulloso, tranquilo y complacido. Las comunidades están a salvo y los curiosos ahora eligen la prudencia, y eso les salva.

Miguel Cortez
Macortez1@live.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s