3 Principios de generosidad

Solovino llego a casa

Salió triste y con la cola entre las patas. Su día había empezado bien, pero al final no le quedo de otra más que refugiarse bajo la luz de la luna en algún lugar de San Nicolás de Los Garza Nuevo León. Lo llamare “Solovino”, porque nadie lo llamó. Solo recuerdo que llegó a mi casa muy temprano por la mañana y al verlo supe que tenía hambre. Sin nombre ni raza, negro y con su mirada cansada mi nuevo amigo esperó a que el cielo se le abriera, o por lo menos la puerta, porque detrás de ella estaba yo con una barra de pan, muy pendiente de sus movimientos, sobre todo el de la cola (Ya sabes, si mueve la cola no creo que muerda, debe estar de buenas). Así que finalmente entregue la mercancía y “Solovino” se la devoró. ¿Y qué podía hacer sí tenía hambre? ¿Y qué podía hacer yo, si solo tenía ocho años edad y una barra de pan? 

Ese es el punto, que la generosidad no tiene edad, ni tampoco implica cantidad. ¡Así como lo lees! La generosidad solamente es una actitud de la bondad; es decir, una reacción a la compasión y a la benevolencia que nace ante una necesidad evidente. Como el buen Samaritano, que vio y fue movido a misericordia para suplir la necesidad de aquel infortunado. Lc 10:33 Ver. RV1960. Entonces, ante estos hechos debes saber tres principios muy importantes sobre la generosidad.
Primero, que «uno nunca debe esperar a tener más para poder dar, porque siempre tendremos algo que podemos compartir». Todos tenemos algo que dar. Aunque sea poco pero siempre tenemos algo que podemos dar. El error lo cometemos cuando no damos porque pensamos que es poco, y nos hacemos esclavos de aquella mitología marciana que dice: “¡Oh! cuando gane más entonces voy a dar, lo prometo”. La “puritita” verdad es que si no damos cuando tenemos poco, menos daremos cuando tengamos mucho. Al menos así lo dijo al maestro: “el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. Lc.16:10 Ver. RV 1960. Por tal razón, haga algo por otros y no espere a que tenga más, porque si espera, tal vez nunca tenga.
Segundo, «siempre debes dar de lo que si tienes y no de lo que no tienes». Si vas dar, da algo que sea tuyo. Ya sabes, en sentido figurado: “una rosa de tu propio jardín”. 

Muy humildemente creo que la esencia de la bondad está conectada al desprendimiento y separación de aquellas cosas que realmente nos han costado; y la generosidad es la prueba suprema contra el apego a los bienes materiales. Por tanto, dar de lo que si tienes te desprende del amor a los bienes materiales y de paso te hace más auténtico.
Y tercero, «no le digas a nadie que eres generoso». Supongo que el buen samaritano pudo tener algún nombre. Pudo haberse llamado Juan, Alberto o Vicente; sin embargo, permaneció incognito. Igual que mi perro “Solovino”, que sin nombre llego moviendo la cola, y vio el cielo abierto. El pan se le entregó y por la tarde desapareció dejándome un hermoso recuerdo de amor. Porque el amor es generoso, y como dijo San Pablo, “no es jactancioso” 1 Cor 13:4 Ver. RV1960.
Por último, te cuento que Solovino se fue porque la casa se quedó vacía aquella tarde. Supongo que salió por pan y un lugar donde reposar. O tal vez Dios lo mandó a tu casa porque tú tienes lo que a él le falta. Y ese es el punto, que abrimos nuestras puertas a quien más lo necesita porque Dios nos abre el cielo; y finalmente el pan nuestro de cada día resulta que no es tan nuestro, porque realmente uno no tiene nada a menos que sea Dios quien se lo haya dado.
Miguel Cortez
macortez@live.com

2 comentarios en “3 Principios de generosidad”

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