El Vigilante

Las tres trampas

Como ya les había contado hace unas semanas atrás, la Bestia con ojos de cristal cuyas garras puntiagudas se limaba antes de almorzar, se había quedado a la guardia del camino que lleva a la ciudad de Los Quesos Escondidos; y luego de que Adelfo, el mayordomo principal, le diera las llaves de la ciudad, regresó a los oscuros rincones del bosque muy feliz y contento por haber sido nombrado El Vigilante. Pero, una noche de aquellas, resulta que en la ciudad se celebró el día de la repartición del queso (ganancias) entre todos los productores, colegas y trabajadores. Habían tenido una de las mejores producciones de queso y la captación de ingresos se había incrementado maravillosamente, así que tenían muchas razones para celebrar y no tardaron en hacer sonar la sinfonóla mágica mientras que los contables repartían las utilidades correspondientes. Cada ratón recibió su parte, algunos más y otros menos, pero nadie se quedo sin su tesoro. Por lo tanto, tan pronto y terminaron los festejos, algunos ratones salieron de la ciudad buscando algo en que gastar sus amadas utilidades. No obstante, El vigilante salió al encuentro de ellos para prevenirles sobre los peligros que había en las ciudades lejanas. Bien se merecían gastar sus ganancias, pero no por nada el Vigilante era un experto en ratoneras, engaños y trastadas. Así que no estaba de mas escucharlo, y miren lo que les dijo:
-Ustedes no sabéis los peligros que afrontaréis en las afueras de la ciudad. Mas Adelfo, el mayordomo de vuestro hogar y un servidor hemos explorado el valle en más de una ocasión, y no creerán lo que os voy a contar, ¡miiaau!. – continuó diciendo, -los peligros de perder vuestros tesoros son muchos, las tentaciones os rodearan como un torbellino y los engaños de las nuevas culturas tratarán de desviaros del camino que Adelfo os enseño.
-Por lo tanto- dijo El Vigilante- «Cuidaos de los depredadores, y no caigáis en la ratonera del sensacionalismo». El depredador se presenta mágicamente impresionante. Brillante y sublime y con apariencia fenomenal. Vosotros pensáis lo mejor de él y le daréis vuestro dinero. Pero finalmente regresaréis al hogar y os sabréis que os han engañado. Porque el sensacionalismo así funciona, es la tendencia en el mercado que presenta las cosas más grandes y más bellas de lo que son, y exageran acerca de sus beneficios para que caigáis en la trampa. Por lo tanto, «No toméis decisiones alocadas; antes bien sean diligentes y prosperen» Prov. 21:5 Ver. RV1960. –Aclaro el Vigilante limándose un poco las uñas.
-También debo advertiros- dijo seriamente- que casi nadie se escapa de la trampa del esnobismo. Que dicho de otra manera, es la tendencia y exagerada admiración por lo que esta de moda. No os digo que la moda sea mala, pero «Cuidaos de no depender de ella; porque si lo haces serás un prisionero de las banalidades»-. De pronto aquellos ratones se miraron unos a otros, algunos se sonrojaron mientras que otros solamente fruncieron el ceño en señal de desaprobación. A a nadie le gustaba que le prohibieran los lujitos; sobre todo porque habían trabajado mucho. Pero la intención del Vigilante no era amargarlos, si no prevenirlos de la excesiva admiración por aquellas cosas que no necesitaban y que por cierto, algunas de ellas carecían de importancia. –Por lo tanto- dijo el Vigilante- «Todo esta permitido, pero no todo es provechoso. Todo esta permitido, pero no todo es constructivo»- 1 Corintios 10:23 NVI.

Aquellas palabas estaban haciendo un efecto profundo en todos los presentes. El Vigilante era de pocas palabras pero cuando “maullaba” daba la impresión de ser más sabio que Adelfo. Sin embargo, él y Adelfo se habían convertido en grandes amigos y todo lo que sabía lo había aprendido de él. Por tal razón, lo último que recomendó a sus amados fue que no cedieran ante la trampa del materialismo. –Es muy fácil apegarse a los bienes materiales, codiciarlos y hasta idolatrarlos- acertó el Vigilante – y lo peor viene cuando trabajasteis duro debajo del sol, pero sólo por el afán de obtenerlos. Eso es amor a las riquezas y nunca tienen fruto.- Eclesiastés 5:10 RV1960.
-Por tanto- exclamó el Vigilante una vez más- «Vosotros cuidéis de guardar el corazón; porque ahí es donde nacen los pensamientos» – Mateo 15:19 RV1960.

Así que finalmente y entrando en confianza, los ratones muy contentos por los sabios consejos recibidos, no tardaron en reiniciar el viaje. Advertidos ellos por las palabras del amigo de Adelfo no tardaron en escribir todo lo que escucharon en sus diarios. Por último el Vigilante regresó a su puesto de guardia, el tiempo pasó lentamente y todo volvió a la serenidad. El camino secreto hacia la ciudad de los Quesos Escondidos sigue siendo un misterio, Adelfo continúa a cargo de las fábricas y lo que se aprende ahí, jamás se olvida.

Miguel Cortez

2 comentarios en “El Vigilante”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s