Ulises, y su visita al país lejano

Por Miguel Cortez

Un día de aquellos, Ulises llegó al “País Lejano” con la esperanza de volverse rico y exitoso. Cargaba con una bolsa llena de dinero y joyas preciosas que podía intercambiar por tierras y camellos. El hombre poseía un amplio conocimiento en los negocios. Su padre le había enseñado todo lo referente a la ganadería, la medición de las tierras y la agricultura. Era un hombre muy inteligente, joven y lleno de vida. Pero ambicioso y materialista. 

Muy temprano antes de salir el sol, comenzó a recorrer las calles empedradas de la ciudad en busca de alimento, no paso mucho tiempo y finalmente entro a una pequeña posada donde servían alimento a los viajeros por unas cuantas monedas. Ahí conoció a Virgilio, un cambista dedicado al comercio del ganado que visitaba la ciudad una vez al año para hacer negocios. Ulises le compartió su deseo de llegar a ser rico y exitoso en este país además de querer ser el dueño de muchas tierras de la región. Sin embargo, Virgilio que era un hombre muy experimentado en el mercado, y al ver la mirada obsesiva y ambiciosa de Ulises le pidió de favor que lo escuchara por un momento. Ulises guardo silencio y Virgilio le dijo: «guárdate de la ambición al dinero, Ulises. Porque el que ambiciona obsesivamente, termina olvidándose de sus valores más importantes». Virgilio le contó que hace muchos años, el también había sido ambicioso, y que el amor a los bienes materiales lo había llevado a ganar dinero de la manera más injusta y abusando de los más pobres. También le contó que había instalado un negocio en los atrios de un templo y que inflaba los precios de las palomas que compraban los pobres para poder ofrecer sus sacrificios conforme a la ley. Llenó sus bolsas con mucho dinero, pero un día, cerca de la Pascua, el maestro llegó y volcó las mesas, azotó con enojo los bancos y les enseño que la Casa de Dios era un lugar de oración y que la habíamos convertido en una cueva de ladrones por corromper un lugar santo y además por abusar de los pobres. –Esta fué una  experiencia que nunca olvidare- aclaró Virgilio- aprendí la lección y desde que cambie mi manera de ver el dinero y los negocios deje de mentir en las transacciones intercambiarias, ahora págo mis impuestos, empece una compañía nueva en otro lugar más apropiado, y ahora vivo mejor y con la bendición del creador- explicó Virgilio con detalle. 

Ulises solo guardó silencio, lo escuchaba un poco molesto, meditó un poco en las palabras de Virgilio y luego que terminó de comer salió nuevamente a las calles para iniciar su búsqueda del éxito.

Luego de caminar toda la mañana, Ulises llegó a un puente donde regularmente se reunían algunos hombres ricos para hacer negocios. Se entrevistó con el primer hombre que vió, y este muy amablemente le dio la bienvenida. Era Santiago, un inversionista muy audaz que poseía muchas tierras, también era el dueño de una compañía que fabricaba barcas para los mercaderes. Santiago era un tipo muy alegre, pero en ocasiones se le veía serio y triste ya que en cierta ocasión recibió la invitación de seguir al Maestro y además ayudarlo para llevar las nuevas de salvación al mundo, sin embargo no lo hizo porque tenía demasiados compromisos que de negocios y rechazó la mejor oferta de su vida que era servir a Dios. Por lo tanto, el consejo que Santiago ofreció a Ulises antes de hablar de negocios fue : «No hagas tesoros en la tierra Ulises, hazlos en el cielo, ahí no se pierden como aquí». (Mt.6:19-21), recuerda que la libertad financiera empieza por no estar apegados a las riquezas, mira que comprometerse más allá de lo debido te esclaviza y no te deja servir a tu familia, a tus amigos y a Dios – exclamó Santiago con la mirada hacia el rio. Si quieres ser exitoso -agrego Santiago- tendrás que ser buen padre, amigo y siervo de Dios, ese es el llamado sublime que nosotros los hombres y mujeres, pobres y ricos debemos procurar antes que todo –continuo diciendo Santiago. 
Ulises se puso más serio que nunca. Pero luego de escuchar las experiencias de Santiago, finalmente hizo un trato con otro inversionista amigo de Santiago, entregó el dinero que tenia en su bolsa y finalmente regreso al centro de la ciudad donde lo esperaba un joven mas o menos de su misma edad. El hombre se presentó como Zuriel, un joven economista dueño de unas propiedades muy importantes en Egipto y que había escuchado sobre la llegada de Ulises. Zuriel había sido nieto de una mujer muy pobre. Había sido tan pobre que en cierta ocasión solo pudo dar dos pequeñas monedas de poco valor como ofrenda en el templo, no obstante cuando Jesús la vió, no paso por alto su generosidad, la exaltó delante de toda la congregación por lo cual fue recordada por mucho tiempo. Pero por ahora la riqueza de Zuriel no se debía a ninguna herencia, pero si se debía al legado que su abuela le había dejado como ejemplo de un corazón sincero y generoso. «Seámos como árbol que da sombra» (Salmo 23) –decía Zuriel, cuidemos de otros para que la prosperidad tenga sentido y no seamos esclavizados por el egoísmo y la codicia- recalcó de nuevo.
Finalmente, luego de un día largo, Ulises entró en su aposento, guardo todas estas experiencias en su corazón y luego las registro en su cuaderno de notas. Muy silencioso y viendo por la ventana, vio a unos hombres que pasaban por el camino, y escuchó muy claro que uno le contaba al otro sobre un hombre que había recibido una herencia y que había llegado al pueblo hace mucho tiempo para hacerse rico, pero que el materialismo, la vanalidad y los placeres de la vida lo habian dejado pobre y más vacio que un poso seco. Y que la ruina lo hizo regresar a su casa. -que desgracia! decian los caminantes-.

Luego entonces, muy pensante y turbado Ulises se quedo viendo como la noche pasaba por encima de sus sueños, su corazón no pudo mas e hincado frente a la pared de su habitación hizo una pequeña oración que cambió su vida para siempre. –Señor, ayúdame a ser el hombre que tu quieres que yo sea- suplicó Ulises- y luego durmio con aquella paz que descansa un pez en los arroyos de las montañas. 


Miguel Cortez

macortez1@live.com

©Copyrigth 2017 Miguel Cortez

2 comentarios en “Ulises, y su visita al país lejano”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s