Tres principios de excelencia 

Adelfo y el cuarto de las estrellas

Adelfo, el ratón mayordomo de la Ciudad de los Quesos Escondidos, se sintió frustrado una noche tal y como desde hace mucho tiempo no lo había estado . Las cosas no iban tan mal en la ciudad, pero al parecer la calidad  de la producción del queso ya no era la misma que antes. Los rumores negativos de los compradores extranjeros se expandían rápidamente. Las importaciones comenzaron a declinar lentamente y algunos consumidores hablaron sobre  cambiar de productores, lo cual afligió el espíritu emprendedor de Adelfo.  Así que, como medida de emergencia, Adelfo visito la fabricas y bodegas de todos sus colegas. Se tomo el tiempo para observar y hacer notas en su diario  personal, recorrió hasta cada rincón de los almacenes para descubrir las causas que provocaban la mala calidad de la producción del queso.Y vaya sorpresa con la que se topo, el problema no estaba en los ingredientes secretos, tampoco estaba en la tecnología, y mucho menos en los procesos que muy cuidadosamente mantenían desde siglos. Mas bien, según los descubrimientos de  Adelfo, el problema estaba en el corazón mismo de cada raton y  administrador de  las bodegas. Todos estaban estancados en el conformismo, el exceso deconfianza y un profundo reflejo de indiferencia hacia la producción. Así que, no era para menos que Adelfo se sintiera frustrado aquella noche solitaria. Por lo  cual, ciñéndose la espada, tomo su diario y su mochila, salió corriendo hasta el bosque encantado y perdiéndose entre las ramas de los arboles tuvo una Epifanía que lo dejo con los bigotes “cáidos” y las patas temblando de miedo. De pronto, la oscuridad lo invadió, el frio lo abrazo y un viento fuerte lo empujo hacia un camino sin final donde comenzaron a caer miles de estrellas fugaces que alumbraron el lugar. Al instante, frente a el apareció una puerta entre-abierta, la cual termino de abrir  y rápidamente se dio cuenta que era una biblioteca llena de libros, grandes y pequeños, bien formados, uno tras otro en la estantería, como esperando a ser descubiertos por algún visitante. Al fondo, había un escritorio antiguo y un diario que parecía nunca haber sido leído. Cabe destacar que Adelfo era un adicto a los libros, así que no venció la tentación, y más rápido que  el gallo que delató a San Pedro lo abrió, y encontró tres principios brillantes que le ayudaron para mejorar la excelencia en La Ciudad de los Quesos Escondidos.

El primer principio decía que «Nunca trates de imitar a otros, se tu mismo y crece». Claro, el punto no es imitar los hábitos de los ricos y famosos, aunque parezcan buenos, si no más bien enfocarse en uno mismo y analizar cuales son las áreas en las que nosotros podemos mejorar. Algunas personas en ocasiones nos lo hacen saber,o simplemente  nosotros  nos damos cuenta de que estamos fallando en alguna área   determinada. Si es así, debemos hacer una pausa y reinventarnos. No seamos copia de nadie y como dijo Salomón: “Examinémonos a través de la razón….y veamos donde esta el desvarió del error.” Eclesiastés 7:25 RV 1960.

El segundo principio que encontró en aquel diario decia  «Rompe tu propia marca, y no compitas con nadie». Es muy fácil caer en la competencia, y a veces es bueno porque nos mantiene activos ante los nuevos retos que enfrentamos en la vida. Sin embargo, nunca debemos obsesionarnos con superar a todo el mundo. Debes primeramente enfocarte en tus propias posibilidades y correr con paciencia la carrera que tienes adelante (Hebreos 12:1 Ver. RV1960). Y entonces, una vez que lo hayas alcanzado ve al siguiente peldaño de tu escalera al éxito. Pero, si solo mantienes la mirada en los logros de los demás, tarde o temprano te caerás y tendrás que volver a empezar. Así que, lo que quiero decir es que debes fijar tus metas, alcanzarlas y luego perfeccionarlas.

Y el tercer principio solo decía lo siguiente «Aplica el principio de la milla extra, en todo y para todo». Es decir, hacer más de lo que se suponía que debíamos hacer, o ir mas allá de donde se creía que debíamos llegar. Jesús lo enseño luego de dar una cátedra sobrelas bienaventuranzas, y creo, en mi más humilde opinión, que como medida de servicio al prójimo también es una excelente recomendación para la excelenciade cada uno de nosotros. Después de todo, la excelencia al final de las cuentas siempre recae en el servicio que nosotros le podemos dar al mundo. Yen cualquier  mundo, diría Adelfo.

Así que, finalmente cuando Adelfo termino de leer, sorprendentemente millones de estrellas llenas de luz comenzaron a saltarde entre  los libros de la estantería, el cuarto se ilumino y un estruendo impresionante traslado a nuestro amigo hasta el bosque encantado. No se cuanto tiempo duro la epifanía, pero luego que medito en lo sucedido, Adelfo organizó un concilio para establecer estos principios como reglas de mayordomía, desde luego voluntarias para todos aquellos interesados en mejorar sus resultados, pero sobre todo, para convertire en la mejor versión de ellos mismos. 

Miguel Cortez
macortez1@live.com

©Copyright 2017 Miguel Cortez

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