El Vigilante, y los tres secretos del Carácter 

Para llegar a la ciudad de los quesos escondidos se necesita mucha disciplina y perseverancia. Cuenta la historia que muchos salieron en busca de ella pero jamás la encontraron. Príncipes, faraones y conquistadores compartieron su sabiduría y todos sus conocimientos en los viajes de exploración; gastaron fortunas, invirtieron mucho de su tiempo y trabajaron hasta el cansancio para llegar a la dichosa ciudad; sin embargo fracasaron. Francamente llegue a pensar que aquella ciudad no era mas que una leyenda, y que la historia famosa de Adelfo, el ratón mayordomo de tal ciudad, no era mas que un mito, tan chistoso y extraño como el de una fábula. Pero cierta noche oscura descubrí detrás de las sombras a una bestia; que con sus ojos de cristal miraba fijamente a través de las tinieblas. Asombrosas garras felinas, estacas puntiagudas y filosas que emergían de sus manos; caminante silencioso, perspicaz, prudente y experto cazador nocturno que viajaba con estilo y cierta elegancia. A diferencia del Gato con Botas, este no usaba espada, pero tenía la sabiduría que le habían dejado sus siete vidas que la fantasía le había otorgado. Era un ser fascinante, admirable, mágico y milagroso. Adelfo lo llamo –El vigilante. Fue el único que encontró el camino a la ciudad de los quesos escondidos, el único que vio las bodegas gigantes de queso, y fue el único que logró conocer los tres secretos de la fortaleza del carácter que practicaban en la ciudad de los quesos escondidos. 

El primer secreto que encontró El Vigilante estaba escrito sobre la gran puerta de la ciudad, y decía: «Vive con valores bien definidos». Para Adelfo, y todos los demás ratones productores de queso era sustancial la integridad en todo. Debían respetarse, honrarse, amarse, ayudarse unos a otros, ser agradecidos, honestos, leales y sobre todo altamente morales. (Hebreos 10:24 Ver. RV 1960). La razón de su importancia es porque la integridad te abre puertas, genera confianza y además te acerca a la excelencia. 

El Vigilante era de pocas pulgas, -es decir, de pocas palabras y muy directo en sus acciones. Razonaba todo lo que leía, y sobre todo puso mucha atención al segundo secreto que ligeramente se dejaba ver sobre el marco de la misma puerta que decía: «Vive con limites bien establecidos». El mensaje era tan claro como los diez mandamientos, y era tan importante que sin este principio se podía perder la seguridad, se comprometía la estabilidad y se ponía en riesgo la integridad del ser. Así que, nadie podía “brincarse las trancas” y todos debían cuidar sus caminos por muy cómodos que parecieran ser. Proverbios 4:26 Ver. RV 1960. 

No cabe duda que los limites bien establecidos le daban seguridad a toda la población de la ciudad de los quesos escondidos, sin embargo Adelfo quiso mostrar un tercer secreto al Vigilante antes de llevarlo a conocer más sobre este pequeño mundo. Le dio una llave que abría la gran puerta y le mostro una frase inscrita en ella que decía: «Mantente…..». El vigilante no entendía el mensaje, pero al intentar abrir la puerta vio que en el cerrojo había otra inscripción que decía: «…hacia la meta». Así que, entendió que el mensaje estaba dividido en dos partes. Por lo cual, está vez aprendió que no podía andar en la vida siempre a oscuras y sin rumbo. Es decir, que en la vida hay que fijarse metas, trazar un plan de acción y ser perseverante hasta alcanzar el objetivo.  

El Vigilante nunca se imaginó descubrir tanto en tan poco tiempo. Apenas si estaba en la entrada de la ciudad y él ya tenía en su poder los tres secretos de la fortaleza del carácter. La ciudad le sentaba muy bien, pero tenía miedo de alborotar el lugar; después de todo, un gato rodeado de muchos ratones a cualquiera intimida. Pero Adelfo era muy valiente, no tenía prejuicios y además la Bestia –es decir, el Vigilante- había caído en buena gracia ante todos los mayordomos. Así que Adelfo le regaló la llave, le ofreció la responsabilidad de proteger la ciudad de los quesos escondidos y regresar el día que más se le antojara. 

Desde entonces la ciudad no está sola. Adelfo sigue a cargo de las bodegas de queso, los productores hacen su mejor esfuerzo y desde algún lugar secreto el Vigilante cuida y protege a sus nuevos amigos, siempre al pendiente de todo, y que con sus estacas bien afiladas guarda los caminos que llevan  a la ciudad de los quesos escondidos que guarda siempre sus mejores secretos. 


Miguel Cortez
macortez1@live.com
©Copyright 2017 Miguel Cortez

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